Naturaleza Karmica de la Dialéctica

La individualidad del ser humano podemos definirla como un punto matemático, sustentado por fuerzas que se desplazan por el espacio del planeta.
En primer lugar debemos tomar conciencia que cuando nos referimos a una individualidad humana, no nos limitamos apenas a la persona de carne y hueso que cuantificamos a través de nuestros 5 sentidos.
La unidad de la persona no solo se compone de su estructura física, sino que también incluye la circunstancia relacionada con el instante puntual que esta vive.
La persona existe siempre dentro del contexto de un determinado escenario, al cual se vincula por un intenso intercambio dialéctico.

Todo lo que captan nuestros 5 sentidos es la resultante de una interacción dialéctica entre un objeto externo determinado y su complemento, presente en la mente sensorial del individuo.
Estas interacciones comenzaron a desarrollarse desde los primeros instantes de nuestra actual existencia.
Al ingresar en el mundo tridimensional de Euclides a través del parto, nos encontramos rodeados por las sustancias que conformaban el escenario al que nos vinculamos con el primer aliento.
Esta primera experiencia dio lugar al desarrollo de una curiosidad selectiva y creciente, respecto de los objetos que conformaban ese entorno.
Es importante comprender que la identificación selectiva de los objetos que llamaban nuestra atención, respondía a una suerte de “familiaridad” pre existente, que hacía con que escogiésemos tal objeto y no otro.
Esta especie de familiaridad proviene, sin dudas, de una historia individual preexistente al nacimiento.
La percepción selectiva garantiza la continuidad de esa historia, porque tiene por objetivo recrear, en el espacio psicológico de la individualidad re-encarnante, el escenario psicológico de la última existencia.
En universo que vemos está muy lejos de ser el universo de la creación.
Lo que percibimos y procesamos como percepción es apenas aquello a lo que nos hemos vinculado puntualmente, por poseer en lo interior de nuestra psique su opuesto complementario.
Algo llamó nuestra atención porque su opuesto complementario, dentro de nosotros, dió origen a una suerte de atracción psicológica que hizo conque sintiésemos una cierta familiaridad con el objeto.
En los primeros tiempos de nuestra actual existencia, estas experiencias exploratorias eran una verdadera aventura, cargada de una muy fuerte motivación que movilizaba emociones y sentimientos muy intensos y diversos.
Primero comprometíamos en esa exploración al centro motriz. Nos desplazábamos. Gateábamos en dirección de aquello que había despertado nuestro interés
y manipulábamos el objeto para ponerlo en contacto con nuestros sentidos.
Lo registrábamos visualmente. Lo sentíamos con el tacto. Talvez lo llevábamos a la boca para sentir su sabor o registrábamos su olor. Más de una vez registramos algún sonido asociado al objeto.
Cada objeto detectado dio origen a una ininterrumpida inter acción dialéctica, que solo cesará con la muerte física.
Al activarse la dinámica intelectual, el desplazamiento físico para vincularse a los objetos externos dejó de ser el único factor vinculante.
Ya no fue entonces necesario que nuestros 5 sentidos sean activados por el contacto directo. El mundo de la mente ofreció un nuevo escenario de interacción, compuesto por infinitos objetivos motivadores capaces de activar nuestra curiosidad.
Pero, dentro de ese espectro infinito, nuestra curiosidad individual nos llevó a vincularnos selectivamente con un reducido número de objetos que, de alguna forma, “nos llamaron” desde el mundo exterior por esa suerte de familiaridad que ya mencionamos.
Así fuimos montando nuestro propio mundo particular.
Al ser procesada la interacción que nos vinculó a cada objeto, esta cristalizó en el espacio psicológico interno una representación de lo percibido.
La suma de todas esas representaciones constituye la esfera de nuestra memoria sensorial.
Solo vemos y percibimos lo que está registrado en nuestra memoria. Nuestra percepción actual es una respuesta condicionada a aquello que activa nuestros 5 sentidos desde afuera.
Lamentablemente pensamos que nuestra percepción nos lleva a observar y analizar lo inconmensurable del cosmos… cuando en verdad, lo que vemos, es un fragmento infinitesimal de la creación.
Vemos apenas nuestro propio mundo particular. Una esfera muy pequeña, dentro de la infinitud del universo creado.
Sin dudas, somos el centro de nuestro mundo particular… y esto nos lleva a reflexionar profundamente sobre la naturaleza perfectible de ese pequeño mundo.
De hecho, nadie, absolutamente nadie puede cambiar el curso del mundo que contiene a todos.
Ese escenario universal, en el que se desarrolla la historia del hombre, se desenvuelve dentro de la ley inalterable de la recurrencia.
Hay una mecánica, a través de la cual se repiten lamentablemente los mismos errores históricos.
El hombre universal tropieza mil y una veces con las mismas piedras… y comete mil y una veces los mismos errores.
Ese mundo del hombre se desarrolla bajo el influjo de sus propias leyes… y visto desde nuestra percepción selectiva particular nos parece injusto.
Esto motiva a más de un visionario, que se siente lo suficientemente poderoso como para derrotar los molinos de viento, que direccionan los destinos de la humanidad.
Muchos lo han intentado. Todos han fracasado.

No podemos cambiar el mundo de todos, pero sí podemos cambiar nuestro propio mundo particular.

Pero cada uno de nosotros, al igual que el mundo donde habita el hombre, tendemos a desarrollar nuestra existencia siguiendo la inercia de un desarrollo que avanza hacia el futuro encorsetado en la ley de la recurrencia. Repitiendo permanentemente los mismos errores que cometieron nuestros abuelos... y condenando a nuestros propios hijos a jurar fidelidad y obediencia a la herencia de nuestro legado.
Así funciona el hombre común. El que hace la historia. Desarrolla su existencia dentro de una dialéctica absolutamente horizontal. Sin ninguna trascendencia.
Reacciona a cada estimulo externo desde la respuesta condicionada por la memoria sensorial… por lo tanto, se repite la misma circunstancia vivida en el pasado.
Este automatismo, que descarta cualquier intervención de la consciencia, encierra en sí mismo una profunda sabiduría.
Las representaciones mentales de las antiguas circunstancias vividas están ahí para garantizarle al individuo una nueva oportunidad dialéctica.
Todo lo que está guardado en la memoria son representaciones de circunstancias vividas sin trascender. Conflictos existenciales básicos, de los cuales solo guardamos la historia literal. Los hechos vividos, sin ninguna comprensión del mensaje oculto que toda experiencia encierra.
Esto nos lleva a exprimir la idea que el sentido de la existencia se relaciona con el desafío de trascender las pruebas que nos plantea la vida.
Nuestra propia vida cotidiana se conforma de una sucesión de dificultades de diversas proporciones. Desde las más sutiles y casi imperceptibles hasta las más difíciles, que nos llevan a sentirnos casi impotentes ante su magnitud.
Todos. Absolutamente todos los conflictos dialecticos que vivimos esconden un mensaje trascendente.
Además existe una gran sabiduría en la ley superior del Karma, respecto de la intensidad de las pruebas. Estas tienen siempre la medida del individuo. O sea, el Karma jamás cobra más de lo que el individuo es capaz de pagar, en obediencia a su capital karmico.
La prueba de hoy ya fue vivida en otros tiempos y no se trascendió. Esa es la causa de la recurrencia.
Hoy somos tan, o talvez más capaces de resolver los conflictos que lo que fuimos al momento de ser probados por la vida por primera vez.

Lo cierto es que cada nueva prueba es una nueva oportunidad que nos ofrece el destino para trascender conflictos que nos atan a un determinado nivel de la vida.
El surgimiento del Ego, a partir de la destrucción del planeta que orbitaba entre Marte y Júpiter, creo enormes dificultades en la evolución espiritual del hombre.
No soy el primero en decir eso, pero lo que creo oportuno especificar mejor es lo que se entiende por evolución espiritual.
Lo primero que debemos comprender es que esta no es el fruto de una mecánica asociada apenas al paso del tiempo, sino que requiere de la participación consciente del hombre.
La dialéctica es el camino… o sea, el verdadero camino espiritual es el de trascender las pruebas que nos presenta el destino.
Las pruebas generan una interacción dialéctica, sustentada por la ley de acción y reacción.
Esto es mecánico y se inicia con la respuesta condicionada al estímulo externo que representa la recreación de un escenario psicológico ya vivido.
Si nos identificamos con el evento externo sin ninguna mediación de la consciencia, repetiremos la misma actitud que tuvimos en el pasado… y con ello generaremos la misma respuesta de nuestro interlocutor.
En símbolo mnemónico guardado en la memoria sensorial será entonces el polo emisor y el estímulo que generó la interacción dialéctica será el polo receptivo.
Esto vale para todos y cada uno de los estímulos que conforman el paisaje karmico de nuestra actual existencia.
Ese paisaje, sobre el que transcurre nuestra vida actual, es conformado en su totalidad por complementos absolutamente individuales e intransferibles.
Cada persona está dialécticamente contenida en su propio mundo particular. Este es real. Ahí cada uno trabaja para ganar su sustento, lo puede recorrer a lo largo y a lo ancho de toda su geografía, puede escoger algún lugar para pasar sus vacaciones, etc., etc.
… y a pesar de encontrarse en ese mundo con personas o extasiarse ante la imagen de un bello amanecer, ese mundo sentido y percibido por él solo él lo experimentará, porque es el fruto de una percepción selectiva de algo inconmensurablemente mayor.
Ese pequeño universo, que cada uno de nosotros percibe, es el escenario en el que se desarrolla el karma particular de cada uno.

 

ROLANDO GRIGLIO
Astrólogo Kármico

 

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