ARIES
El ímpetu inicial del embrión, que inicia con toda su potencia la interacción ovulo-espermatozoide.
Se instala el centro de gravedad por el que fluirá, para adentro y para arriba, la fuerza germinal.
Es el ingreso a un universo nuevo y más denso. Donde la fuerza germinal debe superar a la de la gravitación.
El propio desconocimiento de las nuevas leyes se ve reflejado en el exceso de energía que la unidad instaurada aplica, para impulsar su crecimiento.
En este periodo inicial se desconoce la verdadera intensidad de la resistencia del medio, lo que obliga a aplicar una cantidad excesiva de energía, para garantizar el desarrollo germinal.
En esos momentos esa es la naturaleza del vínculo dialéctico entre la individualidad y el útero que la contiene.
Esta etapa es el punto de partida del propio auto conocimiento.
Después de algún tiempo esta interacción se tiende a equilibrar y, cuando se estabiliza, se da inició al ciclo siguiente.

TAURO
Este segundo periodo tiene que ver con la estabilización de la interacción dialéctica.
En sí, la experiencia anterior sirvió para establecer los vínculos dialécticos con el entorno karmico.
Las reacciones generadas por el exceso de energía empleada sirvieron para establecer respuestas condicionadas, invirtiendo se con eso el orden natural de la ley de causa y efecto.
Con esto el individuo pierde su condición de ser el centro ejecutor de la ACCIÓN para asumir la condición de REACCIÓN.
Con esto se garante no solo la estabilidad del orden establecido, sino también se asegura la condición de que nada cambie.
Se genera así un concepto de seguridad y estabilidad asociado a la idea de que deben mantenerse las cosas como están. No innovar. No modificar nada. Si todo permanece así, se está seguro.
Por lo tanto, es en esta etapa cuando se genera una escala de valores asociada a ese principio.

GÉMINIS
La individualidad encarnante ya ha reconocido el terreno y tienen las respuestas a los eventos externos.
Ya esta en condiciones de avanzar en el plano de la dialéctica, que es el único camino posible para hacerse de los nutrientes necesarios a su crecimiento.
Está en condiciones de negociar el capital acumulado, pero dentro de los parámetros ya establecidos.
Es fundamental y necesario que los inevitables cambios que se dan por la constante interacción enter los individuos no excedan los límites de lo conocido.
En este etapa del proceso de auto afirmación el individuo siente la necesidad de expresar los valores que ya fueron atesorados como propios y defenderlos como "verdades" ante lo que expresan aquellos con quienes se relacione.
Es en esta etapa del proceso germinal cuando se comienza a reforzar el espíritu competitivo, que actúa como substancia vinculante en el orden dialéctico actual.
Como ya está desarrollada en el individuo una noción de seguridad relacionada a la idea de no innovar lo establecido, los intercambios se desenvuelven sobre la base de esa idea.

CÁNCER
Es la etapa del balance de lo que se ha intercambiado con el entorno. Ahora se deben asimilar los nutrientes necesarios para el propio crecimiento.
Existe aquí una especie de objetividad selectiva, que responde al instinto de supervivencia la cual ayuda a "separar la paja del trigo".
Desde la introducción del Ego en al vida de las personas esta etapa adquirió una importancia vital, habida cuenta de que la asimilación debe hacerse dentro de los límites del orden establecido, revalidando la veracidad de los pre conceptos... esto para que no se alteren las respuestas condicionadas.
En términos reales, en esta etapa se llega al límite del crecimiento permitido para establecerse dentro del orden establecido.
En esta vida estamos aprisionados en la atmósfera de esta etapa del proceso germinal. Todas las experiencias vividas oportunamente en ella permanecen congeladas en el tiempo como recordaciones.
Están aquí las recordaciones de la presente existencia.

LEO
La etapa anterior fue un proceso hacia adentro. Una verdadera digestión procesada en todos los niveles.
A partir de aquí se inicia un periodo de exteriorización de lo asimilado, en el que la individualidad experimenta la sensación de estar expresando lo que realmente piensa y siente.
A esa sensación se le suma la necesidad de diferenciarse como individuo, dentro del núcleo social que lo contiene. Con eso se potencia la separación en vez de la necesaria inserción social.
Se podrá cuestionar en este punto que en verdad no es bien así, ya que podemos presentar como prueba una larga lista de amigos, colegas, compañeros, camaradas, socios, etc... bien, cuando tratemos la naturaleza profunda de los vínculos, dentro del contexto del karma, podremos comprender un poco más respecto del egocentrismo en el que todos, en mayor o menor grado, estamos atrapados.

VIRGO
Consolidada la etapa de la auto expresión, queda el individuo un tanto vulnerable, porque aflora la carencia afectiva básica que subyace en lo profundo del nuevo orden dialéctico... esto despierta la necesidad de encontrar su propio espacio en el universo cotidiano. Necesita sentirse contenido en el.
En esta etapa, el individuo busca inconscientemente hacer de su entorno una extensión de su propia mente y, sin saberlo, buscara imponer ahí su propio orden mental.
Dentro de los parámetros de la mente original (en ausencia de Ego) esta es una etapa en la que la fuerza del Amor se debería hacer presente para que cada individualidad ocupe su correcto lugar en el escenario de la vida. Para que se cumpla aquello de que "el derecho de uno termina donde comienza el derecho del otro" y así la diversidad conviva en armonía.
En la práctica es un momento del proceso en el que los pre conceptos que afloran como respuestas condicionadas, adquieren mayor presencia en la expresión del individuo.

LIBRA
La fuerza de la Unidad sigue operando desde lo profundo y la necesidad de vinculares a los complementos aparece en estos momentos como un recordatorio de que esa es la razón de ser de la vida.
Se inicia aquí la segunda mitad del ciclo germinal, sobre la base de una individualidad ya fortalecida por el sentimiento de auto afirmación.
La primera mitad del ciclo (que culminó en Virgo) tubo como objetivo dejar sentadas las bases de la unidad de la persona. Esto es, el pleno funcionamiento dialéctico de los complementos que la conforman y el escenario cotidiano en el que deberá desarrollarse el proceso germinal.
El inicio del segundo ciclo plantea la profundización de la unidad de la persona, en el pleno ejercicio de los misterios del Amor.
El verdadero objetivo es el de comprender la unidad del "nosotros", no como una suma de individualidades sino como un nuevo y más elevado estado de SER.

ESCORPIO
Aquí entramos en la "letra chica" de la experiencia del nosotros. Aquí la dialéctica comienza a penetrar mas profundo y esto implica reproducir escenarios cada vez más antiguos, escenarios que corresponden a circunstancias vividas en vidas pasadas.
Esta etapa permite a la individualidad revivir experiencias que arrastran desde aquellos tiempos un saldo sin resolver.
Este es el clima psicológico realmente apropiado para llevar adelante una propuesta de transformación, que arranqué desde la raíz.
Es esta una etapa intensa y hasta pasional, habida cuenta de las emociones que afloran desde esas profundidades que encierran la historia del individuo.
Todo lo que entra en la atmósfera psicológica de Escorpio es arrastrado a lo profundo e impregnado de una tensión emocional intensa, por la irrupción de lo viejo en el nuevo escenario de la presente existencia.

SAGITARIO
Esta etapa se relaciona con el saldo, en términos de comprensión, de la experiencia del nosotros. Es necesario, a esta altura del proceso germinal, extraer la enseñanza oculta en las experiencias vividas para comenzar a escribir el propio libro que revele nuestro propio "el método" de transformación individual. La forma como nuestra propia transformación es posible.
Esta es la etapa del proceso germinal en que se debe encontrar el sentido de la propia existencia.
Es el camino el que nos va revelando el verdadero sentido a la vida y no cualquier objetivo, previamente fijado.
El camino se va haciendo a medida que andamos. Prueba tras prueba... y, cada una de ellas, es una verdadera cátedra que nos ofrece el destino, la cual debemos digerir y asimilar.
En este punto y sólo a partir de este punto estamos en condiciones reales de evaluar el bien y el mal.
Entendiendo que el bien es todo aquello que contribuye a nuestro proceso germinal y el mal lo que lo impide o dificulta.

CAPRICORNIO
Con una filosofía propia estamos en condiciones de encontrar nuestro lugar en el mundo, ya que nuestra identidad se puede ahora edificar a partir de nuestros propios conceptos del bien y del mal.
Nuestra estructura interna ya debería poseer, a esta altura del proceso, una capacidad digestiva capaz de asimilar los nutrientes apropiados para sustentar el propio proceso germinal.
Esta etapa da inicio a un nuevo nivel de la dialéctica, en el cual nuestra individualidad debe incertarse en el palco de la vida pública.
Aqui se hacen visibles los complementos a los que selectivamente nos vinculamos en el mundo. Por lo tanto, surgen los límites que el propio mundo nos impone.
De la interacción con esos complementos surgen las leyes y los códigos que rigen la vida pública de las personas.
Estas leyes y códigos asumen en esta etapa del crecimiento una importancia superlativa, que se deja traslucir en las psicologías dominadas por este signo.

ACUARIO
La interacción dialéctica que concluyó en la etapa anterior dejó como saldo una imagen pública visible, si bien que mucho de lo que se elaboró dentro de la persona (respecto de lo que esta quiere mostrar) no fue aún plenamente conseguido... por lo tanto, queda como una especie de deseo de llegar a ser.
Lo cierto es que, se establecieron en esa etapa anterior reglas a seguir, derivadas de los límites impuestos por el propio karma individual.
Ya en este nuevo ciclo, el individuo debe encontrar su lugar en la sociedad a partir de su propia forma de pensar y de sentir.
Hay aquí un cierto rechazo natural a las jerarquías establecidas por el sistema, habida cuenta de que estas jerarquizan lo colectivo por sobre lo individual.
En esta etapa tenemos el desafío de contribuir, como individuos, a la demarcación de los límites que deben acotar el accionar de las autoridades... y, al mismo tiempo, establecer los límites de nuestros propios derechos individuales.

PISCIS
Esta es la etapa final de una octava del proceso germinal.
Aquí aparecen fuerzas disolutivas que apuntan a la eliminación de aquello que ya no es necesario para continuar procesando las transformaciones por las que transita el propio crecimiento.
En el trasfondo de este signo vibran sentimientos de renuncia, que el Ego siente como sacrificios.
Puede que lo sean, pero son sacrificios más que necesarios para poder pasar a la próxima octava.
Recordemos la imagen del Barquero de Caronte de la Divina Comedia, cuya función era la de llevar las almas desencanadas a la otra margen del rio.
Este lúgubre personaje exigía el pago de una moneda para abordar su barca.
Toda una gran metáfora del pasaje de una octava a otra, donde la moneda simboliza lo que el individuo acumuló en la octava que culmina.
Esos valores acumulados no pertenecen a la siguiente octava, por lo tanto su valor solo alcanza hasta ese punto del camino.
El desapegarnos de esos valores nos capacita para ascender al ciclo siguiente.

Desde el punto de vista astrológico, cuando interpretamos la naturaleza de un Signo, es necesario considerarlo dentro del contexto de una octava.
Porque como hemos visto en este trabajo, hay un movimiento vital que los enlaza estableciendo una sucesión de etapas que, en si mismas, conforman la propia corriente evolutiva.
Las octavas representan los peldaños de la escalera que debemos subir, para crecer como individuos.
La Biblia nos habla del profeta Jacov, que vió en sueños una escalera que iba de la tierra al cielo y por ella subian y bajaban los ángeles.
Sin dudas que estamos aquí frente a una representación alegórica de las corrientes evolutivas e involutivas que atraviezan la psicología del hombre.
En algunos individuos prevalecen las primeras y en otros las segundas.
Pero lo cierto es que la EVOLUCIÓN y la INVOLUCIÓN estan presentes en la biósfera terrestre, afectando todo lo que en ella habita.
Hay seres humanos que estan evolucionando y otros que, por el contrario, han entrado en procesos de degeneración involutiva.
Siendo objetivamente sinceros en esto de la evolución y de la involución, debemos aceptar que la evolución mecánica solo es posible en ausencia de Ego.
Podríamos decir que la evolución es la mecánica que sustenta el estado de paraíso, que aún perdura en la naturaleza y en el reino animal.
Pero esto no es aplicable al universo del hombre, que lamentablemente viene negando sistematicamente el principio de la Unidad desde hace, por lo menos, 24.000 años.
La evolución implica una transformación permanente de la identidad... y esto no es algo que pueda suceder mecánicamente.
No solo hay que enfrentar la crísis de un cambio de octava, sino que aún cuando se transita el nivel de ser de una octava hay que enfrentar dos crísis, que aparecen cuando entran a funcionar los rayos de Urano y Neptuno.

El impulso solar le da inicio a una octava. A ese impulso le responde la reacción uterina del entorno, regida por la Luna.
A esa interacción dialéctica entre las dos luminárias le sigue el impulso jupiteriano de crecimiento.
Este impulso abre la puerta de Urano, que es por donde entra lo nuevo... y aquí nos encontramos con la primera crísis de esa octava. Lo viejo se enfrenta con lo nuevo.
Si se supera esta primera crísis, se entra en una etapa de serenidad y reflexión, donde entran a operar los rayos de Mercurio y posteriormente el de Venus.
Esa calma nos puede llevar a una suerte de ensoñación. A la ilusión de sentirnos ya superados.
Aquí podemos caer en el canto de sirenas y dejarnos llevar por la fantasía de un supuesto bienestar adquirido.
Podríamos estar aquí viviendo una crísis sin saberlo. O bien, sufriendo la desagredable sensación de una falta de identidad.
Si en este punto del camino no reconocemos que estamos aprisionados en una ilusión, aquí nos estancamos y comenzamos a procesar una suerte de crecimiento ilusorio.
Es en este punto donde se comienzan a generar los "gurues" de ese nivel de ser.
Surgen en este punto del camino los que empiezan a fortalecer su verbo a partir de lo acumulado por las experiencias vividas.
Sin dudas que esas experiencias son válidas y aplicables a la realidad de esa octava... pero estos son falsos gurues, porque estancaron en este punto su crecimiento y condenan a la misma suerte a sus seguidores.
Construyen un trono en el final de la octava y le siguen agregandole levadura a su materia mental.
Su poder se vuelve cada vez más hipnótico, al influjo de un verbo que traduce con clara lucidez la naturaleza esencial de ese nivel.
Es el canto de sirenas operando por la puerta de Neptuno, que no solo atrapa a los incautos, sino que también mantiene atrapado al falso gurú.
Ya dijo Leonardo Da Vinci, al referirse a la naturaleza del agua; "... la inmovilidad la corrompe".
Así es que el falso gurú aprende todas las mañas habídas y por haber de ese nivel de existéncia... pero, junto con lo que acumula aumenta también su orgullo y todo lo que de él se deriva.

Todo lo anteriormente dicho, apunta a dejar en claro que el crecimiento interior del ser humano no es una cuestión mecánica, que se deriva del simple hecho de vivir un día después del otro.
Exige esfuerzos constantes y permanentes para salirnos airosos de las pruebas que nos depara el destino en la propia vida cotidiana. Con pruebas que tienen nuestra propia medida, porque surgen de lo que se procesa en nuestros propios vínculos.
La Alquímia nos propone un camino y un método para retomar el rítmo de nuestra verdadera identidad. Aquella que aguarda en lo profundo de nuestra psicología como una promesa de ser.
Nuestro real y verdadero Ser es el ORO alquímico. El 13º signo, que no es otra cosa que el hombre real que somos desde el origen de los tiempos.
Ese hombre verdadero está aprisionado en el PLOMO del karma, que es la memoria ancestral que registra nuestra historia desde el momento en que le dimos la espalda a la Unidad.
Desde entonces construimos todos los imperios que marcaron su impronta sobre la faz de la Tierra. Repitiendo infinitas veces los mismos errores y las mismas guerras.
Quedamos aprisionados en la ilusión de Maya, que se desenvuelve en el universo de Neptuno, cuyo rayo nos atrapó como las míticas sirenas atrapaban con su encantos a los incautos navegantes que entraban en sus dominios.


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