Las Fuerzas del Cambio

Hay que llegar a comprender cuál es el real poder que uno tiene. Cuál es la capacidad que uno tiene sobre las cosas del mundo.
Uno a veces se juzga demasiado poderoso… pero las cosas tienen sus propias resistencias naturales al cambio.
Las cosas tienen su ritmo… y, por más que uno interfiera no consigue más transformación que algunas transformaciones transitorias… pero, así como en la memoria de los metales, las cosas, por sí mismas, tienden a volver a su estado anterior.
Contra la naturaleza no se puede ir. Se puede conseguir algo transitorio, pero la tendencia es volver.
No se pueden cambiar las cosas a través de una nueva disciplina. No se puede imponer a otro que haga algo que no está capacitado para hacer… o que simplemente no tiene voluntad de hacer.
En el primer caso, lo hará mal… y en el segundo, puede que lo haga (inclusive bien), pero… quedará sepultado el deseo de que lo hecho vuelva al estado que él quería.
Tendremos aquí una fuerza oculta que estará actuando desde ese nivel produciendo efectos sobre la cosa lograda.
Uno tiene que manejarse con un criterio de lo posible.
No es cuestión de reprimirse en determinadas actitudes sabiendo que están mal, porque lo más probable es que en algún punto haya algún tipo de satisfacción por el ejercicio de esa acción equivocada.
Uno puede saber intelectualmente que ejercer el poder despótico está mal. Pero para quién tiene marcado este rasgo, su ejercicio conlleva una importante dosis de placer.
Hay muchas cosas que están mal… y a pesar de saber, nos gustan…. O, en algunos casos, nos habituamos y las incorporamos a nuestra conducta.
En todo esto hay una fuerza oculta, muy similar a la memoria de los metales, que se encarga de preserva un mal hábito.
En muchos casos esta fuerza preservadora es superada y triunfa la fuerza que se impone.
Mantener ese estado requiere un importante esfuerzo permanente. Pero… cuando, por algún motivo, ese esfuerzo disminuye, comienza a potenciarse la fuerza preservadora del hábito… y la tendencia es que este vuelva a aparecer.
Todo esto nos está indicando que uno debe realmente transformarse de adentro para afuera y no lo contrario.
Es algo que debe venir por el convencimiento natural, que se deriva de una comprensión interior.
Para esto es fundamental el ejercicio de la meditación, para que se puedan generar fuerzas internas que puedan llevar a una transformación real.
Es necesario que aflore alguna emoción nueva que no está en nuestra memoria sensorial.
Si esto no sucede, ningún cambio real es posible.
Tenemos que volvernos un poco más sabios, comprendiendo cada vez más cómo funcionan las cosas.
Uno piensa que hace andar las cosas, pero el mundo ya viene andando desde siempre.
Es como si se pretende cambiar el funcionamiento de una empresa. Sin dudas que eso es posible, pero no se lo consigue de la noche a la mañana… hay un proceso más profundo que de debe respetar.
Es necesario comprender como se manifiesta la ley de causa y efecto, porque si alguien produce algo, esto tiene su consecuencia.
Es necesario saber manejar esa ley de causa y efecto que se da al nivel más profundo.
Si se impone algo, hay un eco o consecuencia que tiene su tiempo de maduración.
Talvez quien propone algo lo ha madurado durante algún tiempo y lo plantea como algo ya madurado… y se lo plantea a personas que no pasaron por ese proceso. Talvez se están enterando en ese momento.
Cuando uno quiere algún cambio, los tiempos son más benévolos. Otra cosa es cuando a alguien le imponen un cambio… aquí la persona tiene procesar la propuesta dentro de sus propios tiempos… y, suponiendo que llegue a aceptar internamente la propuesta, esto implica haber tenido que procesar una suma de muchas cosas; una suma de resistencias, una suma de rabias, una suma de rebeldías, una suma de hábitos y memorias resistentes, etc.
Sin dudas, cuando a alguien se le impone un cambio, este debe procesar todo lo que se activa dentro de él con la imposición.
Por eso, cuando se pretende conducir un cambio, es necesario volverse más sabio que lo habitual.
Es necesario llevar la capacidad de percepción a un nivel en el que se puedan percibir esa suma de fuerzas y movimientos invisibles, pero que responden a la lógica de la ley de acción y reacción.
El universo funciona porque hay leyes que lo hacen funcionar.
Todo lo que tiene movimiento, todo lo que vive está sujeto a leyes.
… y nosotros, en cuanto seres humanos tenemos la vocación egoica de interferir en esas leyes. Unos porque pretenden obtener más lucros, otros porque pretenden acortar los tiempos de maduración de las cosas.
Se pueden conseguir resultados en ese sentido… pero siempre se paga un precio alto por eso.
Así por ejemplo, el productor de pollos acelera el engorde de las pobres aves apelando para varios recursos. Gana más dinero… pero produce un alimento que no es de muy buena cualidad… y eso lo consume la población. O sea, alguien sale perjudicado.
Así funciona la ley de causa y efecto.
Existe una infinidad de estrategias que el hombre utiliza para ganar tiempos y obtener más lucros que servirían igualmente para ejemplificar lo que estamos considerando. Pero, para muestra basta un botón.
Es importante comprender que desde la filosofía alquímica no se propone nada que tenga directamente que ver con la obtención de lucros materiales. Para esto existe muy buena bibliografía, que podría orientar bien en ese sentido.
La alquimia intenta cuantificar el crecimiento cualitativo. Establecer pautas que ayuden a ser una mejor persona para estar más en armonía con la vida.
No es lo mismo querer mejorar una empresa que querer mejorarse a uno mismo.
Si bien es cierto que a veces se pueden usar símbolos de la función empresaria como metáforas de un trabajo interno, es fundamentar llevar en cuenta que en el mundo de los números (que es donde se elaboran las estrategias de cambio de los organismos creados por el hombre) se pueden logra cambios por la aplicación intencional de la fuerza… pero en el mundo del alma, donde están los valores que dignifican al hombre, los cambios deben procesarse en obediencia al impulso germinal de quien pretende crecer.
Además ya dijimos que los cambios forzados no solo tienen su costo, sino que también fecha de vencimiento.
El proceso germinal de cada uno de nosotros tiene sus propios tiempos para llegar a la maduración de las cosas.
Todo cambio interno es un proceso de maduración… y los tiempos internos dependen del karma de cada uno.
Esa es la razón por la cual, algunos pueden producir cambios en menos tiempos que otros… pero algo es cierto; no se puede ni se debe apresurar una maduración.
Dentro de nosotros mismos tenemos tiempos y tiempos. Para algunas cosas el proceso germinal se desarrolla con mayor facilidad que para otras.
Uno a veces comete el error de pensar que a todo lo podemos medir con la misma va y cometemos el error de creer que todas las cosas ameritan el mismo esfuerzo.
En la práctica nos encontramos con que nos debemos enfrentar con diferentes grados de resistencias al cambio.

Empujar cuesta arriba cansa y uno acaba desistiendo. Pero cuando uno deja que las cosas avancen según el motor interno, uno acompaña el movimiento… uno no empuja.
Si en ese andar interno uno supera la ansiedad (simplemente porque comprende los simbolos del camino) va adquiriendo sabiduría… que es lo realmente importante.
No es tan importante llegar a la meta (si bien que uno apunta a eso). Es más importante comprender el camino. De él nos tenemos que nutrir.
Si nos obsesionamos conque no llegamos a la meta… entonces no registramos las lecciones del camino.
Nuestro trabajo tiene que ver con el camino. Tiene que ver con vivir y comprender el proceso germinal. Tiene que ver con tomar conciencia de la transformación que se va produciendo sobre la marcha.
Es fundamental sentir como nos vamos transformando, un día después del otro… y es importante comprender que si no hay una capacidad de observación que nos permita registrar las experiencias, no es posible la transformación.
Tenemos que ir descubriendo como se manifiestan nuestras resistencias al cambio y, a partir de ahí, va surgiendo la sabiduría.
Uno se va haciendo sabio a medida que va andando.
Es el camino el que va dando los frutos. Él es el que va haciendo posible la transformación.
El fruto que espera al final del camino es el producto final de un proceso de transformación que se va produciendo dinámicamente, y es coherente con la naturaleza de los pasos que se da.
La ansiedad es la que no permite que podamos asimilar los nutrientes del camino.
Los nutrientes del camino son las dosis justas… lo que uno puede asimilar y digerir sin que eso implique grandes esfuerzos.

Hoy el mundo externo es extremamente estresante y la alquimia nos invita a salir psicológicamente de él.
Ese es elúnico camino, porque al escenario del mundo planetario no se lo puede cambiar.
Lo único que se puede cambiar es el mundo particular de cada uno, a través del correcto procesamiento de la dialéctica… o sea, procesando correctamente nuestros vínculos personales.

Si lo que se pretende es, por ejemplo, procesar cambios en una empresa para adaptarla a los nuevos tiempos. Comenzamos por aceptar que estamos ante una tarea posible… siempre y cuando tomemos conciencia de la profundidad que conlleva este desafío.
No se trata apenas de importar nuevas estrategias operacionales, o tecnología de última generación. Se trata, en primer lugar, de cambiar la naturaleza de la dialéctica que sustenta la dinámica de la empresa.

Es necesario mudar la estructura de los vínculos, porque cada uno está vinculado dialécticamente a ese escenario.
Cada persona está vinculado a otras personas de la empresa, está vinculado a las maquinas. Con todo lo que conforma el escenario se tiene un vínculo dialéctico.
Todos y cada uno de los elementos del entorno nos devuelven un eco, que registramos e interpretamos según el vínculo que tenemos con el objeto.
Tratándose de una máquina, talvez esta no nos responda mucho. Pero, sin dudas, se tiene un diálogo con el sistema interno de la máquina (se la quiere comprender, se le quiere dar otra utilidad).
Con las personas que conforman el personal de la empresa se da lo mismo. Se las debe comprender, si es que se les quiere dar otra utilidad.
Si el sistema, como un todo está cambiando, esto indica que las piezas que integran ese escenario cambien.
El cambio debe ser de adentro para fuera y no lo contrario.
Este es un problema a resolver cuando se da un cambio de paradigma… y estamos ahora en un cambio de paradigma, donde hay personas (no muchas) que entienden que se está procesando un cambio profundo y sienten la necesidad de adaptarse al cambio.
Lo importante es comprender como uno puede entrar en sintonía con él, porque uno tiene armonizarse con el cambio y no imponer el cambio.
Hay que comprender como funcionan las leyes sobre las que se desarrolla el proceso de cambio.
En todo proceso de cambio de paradigma se da un clima psicológico de caos, donde el propio sistema comienza a generar los anticuerpos.
Las nuevas generaciones ya vienen genéticamente sintonizados con las insinuaciones del nuevo paradigma y a partir de ahí se dan inevitables choques generacionales.
Esto es una especie de rebeldía del sistema contra el propio sistema.
Así se procesan los cambios en la humanidad. Lo nuevo contra lo viejo.
Comprender de donde proviene el cambio es fundamental. Hoy muchos ven peligrar sus intereses y sienten la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos. Sienten la necesidad de producir cambios.
El mundo está cambiando y las empresas sienten que también deben hacerlo. Pero la pregunta del millón es; que es lo que motiva el cambio del mundo.
Es necesario llegar a esa raíz. ¿De dónde viene la fuerza del cambio?
Hay muy mala información respecto de todo esto.
Está lleno de “visionarios” que vislumbran caminos que no son.
En primer lugar esto no es algo que tenga que ver con el cambio del sistema, sino que tiene que ver con el cambio del hombre.
La naturaleza se vuelve contra el hombre, porque el hombre no quiere cambiar.
Las motivaciones profundas del cambio son del útero contra la semilla.
Uno puede ver eso hasta físicamente. Podemos ver cómo está siendo agredida la geografía del mundo. Reparar un poco en que es lo que el hombre está haciendo con el mundo.
Así como el organismo tiene sus propios mecanismos de defensa, hay fuerzas y leyes que no permiten que se llegue a extremos. El mundo es un ser vivo.
La alquimia propone cambiar al hombre, en la medida de lo posible. Partimos de la premisa que no hay cambio sin sabiduría… la conciencia debe participar.
Los cambios que exige la actual etapa del desarrollo del hombre, nada tiene que ver con ejercicios, con mantras o con cualquiera de esas propuestas que abundan en este inicio de la era de acuario.
No es que quiera restarles valor a esas prácticas, apenas sugiero que su utilidad apunta en otra dirección. Tienen más que ver con el concepto de aportes que ayudan o facilitan la difícil tarea de transformarse (dan más equilibrio, más energía e inclusive lucidez, etc.).
El cambio es algo que tiene que ver con el despertar de la conciencia.
Si uno no llega concientemente a la raíz de las cosas... si uno no llega a comprender porque las cosas son de esa manera y no de otra, es imposible cualquier tipo de transformación.
La transformación debe venir de lo profundo hacia la superficie. De adentro para afuera.

Es fundamental el ejercicio de la meditación, para que todo esto pase a formar parte del propio dialogo interno.
Si esto que estamos aquí desarrollando no está incorporado al dialogo interno, todo se reduce a vivir situaciones de satisfacción o insatisfacción... si nos agrada está todo bien, si nos desagrada entonces está todo mal, con lo que nos transformamos en marioneta de esos dos extremos.
En el camino, las circunstancias que se nos presentan no están ni bien ni mal. Están más o menos, porque uno va andando en un camino de imperfecciones que nos presentan vislumbres de un mundo posible.
Ese es el camino de los grandes cambios. No el del virtuosismo. El camino es tan imperfecto como nuestra propia imperfección.
Es muy importante saber parar oportunamente para hacer balances periódicos del camino andado. Esto nos permite no entrar en procesos de desánimo exagerado, cuando sentimos que fracasamos en algo.
En todas nuestras experiencias hay de todo: hay un poco de miedo, hay un poco de pesimismo, hay un poco de osadía, hay un poco de ilusión, hay un poco de confusión… es decir, de todo un poco.
Si hay un poco de miedo, hay prudencia. Si hay un poco de inseguridad, eso hace con que uno se observe más y sea más cuidadoso. Por el contrario, si todo está al pedir de boca, lo más probable es que en algún momento nos choquemos con una pared pensando que es una puerta.
Ya para concluir: si, en nuestras tentativas de cambio, no llevamos en consideración lo que aquí venimos planteando, tendremos que enfrentarnos con nuestra propia ansiedad.
La clave está en la comprensión de cada intento tiene su propio tiempo de maduración y hay que aprender a fluir con ellos.

 

ROLANDO GRIGLIO
Astrólogo Kármico

 

 

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