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Desde el punto de vista del formalismo astrológico, muchos astrólogos discuten sobre la fecha en que tuvo lugar el inicio de la Era de Acuario. Otros sostienen la idea de que esta Era aún no comenzó.
Personalmente pienso que existe un determinado tiempo en que se procesa este cambio de octava. Un tiempo en el que necesariamente se deben vivir profundas crisis, donde lo viejo se enfrenta a lo nuevo.
Existe un consenso general respecto a que los años sesenta fueron una década donde emergieron intempestivamente corrientes de rebeldía, que se hicieron carne en los jóvenes de la época, cuyo accionar llegó a producir una profunda transformación en las costumbres conservadoras que, hasta el momento, habían servido de parámetros al “buen” desarrollo del orden establecido.
La Era de Acuario representa un gran desafío para las generaciones futuras, que deberán encausar las fuerzas acuarianas. Ellas se definen en virtud de la interacción dialéctica que este impetuoso signo mantiene con su opuesto complementario; Leo.
Dado que Leo es el símbolo del poder y la autoridad, Acuario se presenta como la fuerza que se contrapone a todo lo que tienen sabor de imposición.
Acuario es rebelde por naturaleza, pero dentro de una sabiduría universal.
Dentro de la ecuación que sustenta el impulso germinal de la vida en el universo, la rebeldía es una virtud que hace posible el surgimiento de lo nuevo.
Pero, cuando la rebeldía se produce fuera de los límites de esta ecuación, ya deja de ser virtud para convertirse en simple anarquía.
Haciendo un ejercicio de memoria, resulta difícil hacer una evaluación que pueda determinar a ciencia cierta cuanto hubo de virtud y cuanto de rebeldía en la década del sesenta.
Si nos limitamos a buscar implicancias morales o éticas en aquello de paz, amor y rock and roll, aferrándonos a la mente vieja, llegaremos a juicios de valor muy condenatorios… pero, si consideramos su efecto posterior en función de los cambios reales que se sucedieron a la época, tenemos que entrar en una digestión mucho más fina.
… y aquí tenemos una de las primeras conclusiones:

Los hippies y demás individuos que fueron ejecutores de la rebeldía, fueron verdaderos vehículos de fuerzas que estaban mucho más allá de su voluntad.

Tal vez un ejecutor consciente de su misión hubiera, por aquellos tiempos, optado por métodos diferentes. Tal vez no tan chocantes... pero no creo que los resultados hubieran sido muy diferentes de lo que fueron, porque esa rebeldía no fue el producto de un simple capricho de los jóvenes. En verdad estos se sintonizaron con corrientes que tenían su origen en las raíces de la propia historia del hombre.

Esta carta muestra el momento más representativo del inicio de la Nueva Era de toda la década del 60.
Es el momento en que los planetas personales se alinean junto con el Nodo Sur en el signo de Acuario.
Tomamos como punto de referencia a la ciudad de Buenos Aires, a la hora en que se produce la Luna Nueva… y es justamente el momento en que se hace el mayor alineamiento de planetas a unos 15º de Acuario, junto al Nodo Sur.
Este es el criterio que aplico, porque en ese momento la Rueda de la Fortuna está en el ascendente. Es el criterio que aplicaría para cualquier lugar de la Tierra.
En esos momentos vibró junto a la rueda la conjunción Lilith-Plutón, en el final de la XII casa sobre la constelación de Virgo.
El eje nodal de ese día fue realmente impresionante. El Nodo Norte vibrando sobre Leo marca que el desafío karmico se relaciona con un intenso trabajo de transformación sobre la figura de la autoridad… pero desde una dialéctica que se caracteriza por el desconocimiento de toda autoridad que no esté debidamente fundamentada en la dignidad que justifica el lugar jerárquico que ostenta.
La condición retrógrada de Mercurio junto al Nodo Sur nos indica que esa cuestión de la rebeldía frente al poder de la autoridad del mundo se ejerció erróneamente en el pasado.
Esto nos hace pensar en la Revolución francesa, en la Revolución Bolchevique, etc., donde imperó el odio como fuerza inspiradora.
Las fuerzas cósmicas que están operando en este inicio de ciclo tienen como objetivo introducir los misterios del Amor en la dialéctica que vincula la cadena jerárquica humana.

La condición de Plutón retrógrado junto a Lilith en la constelación de Virgo también nos indica una pauta karmica.
Como Plutón, por donde pasa, siempre hace aflorar la suciedad que se esconde bajo la alfombra, concluimos que en este inicio de Era debemos enfrentarnos al desafío de que irán quedando expuestas, de forma gradual pero inexorable, las bases sobre las que está asentado el propio orden establecido.
Principalmente los límites que delimitan las individualidades. Aquello de que el derecho de uno termina donde comienza el derecho del otro.
Pero como lo que prevaleció en toda la historia conocida del hombre fue la conquista del poder motivada por la ambición, prevaleció siempre la supremacía del más fuerte por sobre los más débiles.
El propio concepto de conquista implica invadir territorios para incorporarlos al propio dominio. Esto no solo se cumple en el orden geográfico, sobre el que se desarrolla la expansión de los imperios, sino en todos los órdenes en los que se procesa la dialéctica.
Están comenzando a desmoronarse las bases sobre las que se ha edificado el orden establecido.
El principio de la pluralidad organizada (pluralidad en el sentido de familia, en el sentido de la gran familia humana, organizada por los misterios del Amor) conforma la fuerza que tratará de implantarse en los próximos 2000 años.
La humanidad es un péndulo que va de un extremo a otro.
Esto implica deshacer la vieja estructura que ha sido montada sobre la base de una autoridad mentirosa. Una autoridad que se ha fundamentado en la supremacía del más fuerte. Algo que ni siquiera funciona como en el reino animal.
En el reino animal impera la supremacía del más fuerte como una condición necesaria a la supervivencia. A la preservación de las especies.
La diferencia radica en que en el reino animal el Amor está presente.
El espíritu de destrucción, el espíritu de conquista, no existen en el reino animal.
La psicología competitiva se hace presente en dos momentos muy especiales de la vida grupal animal:

  • Cuando la hembra entra en selo, surge la rivalidad de los machos, para que sea el más fuerte el que se aparee y así garantizar la buena continuidad de la especie.
  • El otro momento en que aparece la rivalidad es cuando el liderazgo del grupo comienza a debilitarse (generalmente cuando el macho dominante se vuelve más viejo)… entonces aparece un macho más joven para disputar el comando de la manada.

El grupo no puede quedar acéfalo, porque el orden del universo es jerárquico.
En esos dos momentos de la vida comunitaria animal no está presente el odio.
Lo que realmente está presente es el Amor. Una vez que la cuestión de la jerarquía ha sido resuelta vuelve a reinar la paz y la armonía en el grupo.

El hombre se aferró al aspecto competitivo del más fuerte, basado en el egoísmo.
El que llega al poder lo hace a través de la fuerza… por aquello de la supremacía del más fuerte. Pero por un motivo egoísta. Algo que poco tiene que ver con el bien común.
Por lo tanto, el orden establecido, sobre el que se ha edificado la historia del hombre, se ha generado sobre esa base de ausencia de Amor.
Cada vez que termina un ciclo astrológico (cada vez que se da un cambio de Era) es un momento muy especial, donde debería hacerse una reacomodación del rumbo de la historia.
Sin dudas que por más que las cosas se hagan con el máximo de esmero, jamás podría reinstalarse el estado de paraíso… pero, se podrían ajustar muchas cosas.
El momento de cambio de octava es el momento en que el instinto de supervivencia se hace más vivo.
En estos períodos de transición, el propio instinto de supervivencia va generando conductas. Porque este instinto tiene que ver con lo colectivo. Tiene que ver con la especie.
Pero, desde el Ego, se fortalecen los patriotismos y todos los órdenes excluyentes. Porque aquí se constela lo colectivo desde las fronteras para adentro.
En cada jurisdicción de unidad se da la necesidad de preservar ese orden.
Entonces las nuevas fuerzas que aparecen para instalarse en los próximos 2000 años (algo que va mucho más allá de lo que el hombre puede organizar conscientemente), empujan a la consolidación de un Cristo que no está contenido en el simbolismo del cuerpo físico de Jesús, sino prefigurado en el corazón de cada uno.
La imagen crística, que es el principio del Amor, como fundamento de la congregación de la gran familia humana, empieza a surgir desde cada una de las individualidades, como una fuerza que empieza a hacerse sentir en el corazón de cada uno.

No pretendo con lo anteriormente dicho hacer prevalecer el simbolismo cristiano por sobre los simbolismos que se expresan desde otras religiones igualmente respetables, por cierto… apenas me expreso desde los símbolos que me ha dado mi formación cultural.
Los periodos de transición entre Eras son periodos en los que se desarrolla la madre de todas las batallas hacia el interior del hombre (la lucha entre lo viejo y lo nuevo).
Por un lado las tentativas de reafirmar el viejo orden y por otro los nuevos impulsos que vienen de lo profundo del alma humana.
Esa es una lucha que da resultados dispares. Dependiendo de la naturaleza esencial de cada uno.
En estos momentos, la gran lucha se desarrolla en los niveles jerárquicos del orden establecido.
Ese es el nivel más afectado por esta dualidad en pugna.
Como lo que imperó desde siempre fue la supremacía del más fuerte, el más fuerte es el responsable por la consolidación del orden establecido.
Pero en esta lucha, la personalidad humana del propio mandatario no participa. Este podrá definir su lucha interna. Puede sentarse y “atornillarse” en el trono del poder mundano que ostenta. Pero, más allá de eso, más allá de esa lucha dentro de la individualidad del mandatorio, está lo que se desarrolla en todos y cada uno de los que conforman la pluralidad (los individuos dentro de la multitud)… y en la gran egregora del género humano.
Aquí es donde prevalece la fuerza de la entropía. La fuerza propia de lo colectivo que actúa con prescindencia de cada uno de los individuos.
Esa fuerza colectiva, en estos momentos, es el vehículo a través del cual se están tratando de introducir al género humano las fuerzas de la nueva Era. Las fuerzas acuarianas… que tienen que ver con el poder de esa pluralidad enfrentada al poder centralizado.
Es una lucha subterránea inconsciente. Es algo que está sucediendo allá en lo profundo.
La pluralidad se va definiendo contra la figura de la jerarquía edificada sobre los viejos parámetros, asociada al derecho del más fuerte.
Esa jerarquía es la que en estos momentos está comenzando a ser contestada por la pluralidad. Por todos y cada uno de los que integran lo colectivo.
… y cada uno es influenciado secretamente por el ideal acuariano del liderazgo.
El ideal acuariano del liderazgo es el líder perfecto. El líder que realmente tiene los atributos porque es capaz, porque está autorizado para…
El dictador tiene un 5% de capacidad y un 95% de prepotencia… por lo tanto, dentro del pensamiento acuariano, perdería por mucho una elección por el gran porcentaje de rechazo que hay en la población.
Ahora comienza a destilarse un nuevo modelo de liderazgo en el mundo entero (algo que tal vez llevará algunas décadas) donde el individuo sin nombre comienza a desenvolver cierta simpatía hacia un nuevo modelo pre establecido de líder, que tiene las características del líder acuariano.
El líder acuariano no es hecho por el márquetin, o llega a esa condición porque el pariente o amigo le facilitó el camino.
En la Era de Acuario empiezan a destilarse los líderes como sucede en la naturaleza. Así como las abejas se dan su propia reina.
Es una supremacía del más fuerte, pero desde la perspectiva del Amor, desde la perspectiva del bien común.
Esa personalidad jerárquica acuariana adquiere ribetes que están muy distantes de cualquier liderazgo actual… si bien es cierto que hay un amplio espectro en ese sentido. Los hay del tipo casi inofensivo hasta los más perversos.
El que asume cualquier liderazgo pasa a tener una interpretación bastante mórbida del instinto de supervivencia como líder. Una vez entronizado en su trono despierta mecanismos psicológicos que lo van aproximando gradualmente al dictador. Se ven obligados a hacer “valer” su posición desde una parcialidad bastante marcada.
Al líder futuro se le reclamará la capacidad de ejercer la interacción dialéctica. Por ahora eso se está procesando en lo profundo del inconsciente colectivo. Es allí donde se está procesando la madre de todas las batallas (como sucede en al pasaje de toda Era: el pasaje de lo viejo a lo nuevo que sucede cada 2000 años).
Lo fundamental es comprender la naturaleza de esa lucha. No es lo mismo la lucha que hoy estamos viviendo todos allá en lo profundo, que la lucha que se vivió hace 2000 años, cuando se pasó de la Era de Aries a la Era de Piscis.
En aquellos momentos, la madre de todas las batallas fue muy diferente. Lo vivido en los dos últimos milenios le dan a esta lucha interior una característica muy especial, porque las fuerzas que hoy están en pugna son muy diferentes que entonces.
Las exigencias del impulso evolutivo que se procesaron con el advenimiento del cristianismo, del budismo o mismo las reinterpretaciones que se procesaron hacia el interior del taoísmo, tenían que ver con la introducción del Amor consciente en la dialéctica.
Todo esto sucede siempre a un nivel muy profundo, pero sus influencias van aflorando, como las burbujas de champagne, a la superficie, haciéndose sentir en determinados movimientos colectivos que son de difícil explicación dentro de la lógica tradicional.
Pero más allá de cualquier tentativa de explicación, estamos aquí ante la presencia de fuerzas reales que se están manifestando y que tienen que ver con la naturaleza humana y no con el pensamiento que se encauza a través de las líneas políticas, filosóficas o religiosas.
En estos momentos hay una necesidad de que se reestablezcan los valores espirituales.
… pero que quede bien en claro; esto poco tiene que ver con las órdenes religiosos del mundo. Ahí es donde las cosas se comienzan a confundir y mal interpretar. A ese nivel todo se lo intenta comprender por una lógica horizontal, donde se mezcla la política, los intereses económicos, etc.
Las jerarquías de la institucionalidad religiosa son vehículos del algo mucho más profundo que las instituciones y las personas.
No es por acaso que en estos momentos se haya concretado una reunión ecuménica en Tierra Santa. Sin dudas que al nivel horizontal se lo entiende como el fruto del esfuerzo bien intencionado de determinados hombres, cuando en realidad es mérito de un proceso dialéctico, donde la mutua necesidad y el propio instinto de supervivencia de la especie humana juegan un rol fundamental.
Hay una sensación, allá en lo profundo del hombre, de que se va hacia el abismo, porque hay un proceso de auto destrucción manifiesto en el escenario del mundo.
Aquí debemos comprender que aparecen:

  • Sensaciones que provienen del miedo al desapego, el cual se siente en todo final de octava.
  • Sensaciones que provienen de miedos derivados del instinto de supervivencia.

El primer tipo de miedos está relacionado con las fuerzas uterinas, que conforman en su conjunto el orden establecido que condiciona el crecimiento individual del hombre.
Son miedos que tienen como objetivo apartar a las personas de su natural necesidad de desenvolver el ritmo de su propia particularidad.
Este miedo es perverso.
El otro tipo de miedos es justificado y necesario para inducir en el hombre un despertar, que le permita rectificar, para mejor, el rumbo de su propio destino.
En todo final de octava hay siempre un recrudecimiento de la vehemencia con que se defiende lo antiguo… y, por ley de causa y efecto, la fuerza con que pretende imponerse lo nuevo no es menos.
Es por ese motivo que desde hace algunos años viene recrudeciéndose la dinámica global.
Se avanzó en una integración materialista, como si con eso pudiese reemplazarse al papel integrador del Amor y su consecuente crecimiento espiritual.
Se globalizó la economía, se creó internet, con lo que se reformuló el orden del mundo. Se creó la ilusión de un mundo sin fronteras, creyéndose que con eso se estaría resolviendo la ecuación del nuevo paradigma.
Puede ser que las “sinapsis” del mundo hayan creado una falsa ilusión de unidad. Pero lejos de unir a las personas las atomizó más porque el Amor está ausente en toda esta obra.
Las religiones son intérpretes que tratan de explicar los fundamentos de la espiritualidad, según el legado de las diferentes culturas y pueblos de la Tierra.
Pero considerar que las iglesias son la fuente de donde emana el legado espiritual, no se ajusta a la verdad.
En la Nueva Era, la tendencia es que se diluyan las fronteras entre religiones porque en los próximos 2000 años habrá un gradual surgimiento del hombre universal... en la medida en que se vaya instalando la gran familia humana.
Esto implicará el surgimiento de una espiritualidad autentica, capaz de integrar no solo a los hombre entre sí, sino también a los hombres con todas las especies de la Tierra.

 

ROLANDO GRIGLIO
Astrologo Karmico



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