No podría haberse encontrado un símbolo más apropiado para expresar el concepto de justicia que la balanza. De hecho el principio del equilibrio es su fundamento esencial.
Obviamente no vamos a entrar en una descripción de ese símbolo. En primer lugar porque ya se ha dicho tanto a su respecto, que resultaría cansador y estéril, aun diciendo algo un poco diferente.
La metáfora de la balanza, como imagen, habla por sí, sin necesidad de explicitaciones verbales.
La propuesta de este estudio es la de indagar, desde la alquimia, su relación con la vida y con el alma del hombre.

 

La espiritualidad en la convivencia

La horizontalidad de la vida es palpable, es sensorial. Todo se resume a la ley de causa y efecto.
Cualquier estimulo externo activa nuestros 5 sentidos. A partir de ahí hay todo un procesamiento interno, desde el cual se dispara una respuesta.
La vida vertical es la propia espiritualidad. La fuerza germinal, presente en todo el universo.
Esa fuerza es la que nos propone ser mejores.
El eje horizontal es denso y mensurable; se toca, se ve, se siente.
El eje vertical es invisible. No se maneja con la ley de causa y efecto. Es solo consecuencia… consecuencia de lo actuado a través de la causa y el efecto.
En lo que procesamos a través de la ley de causa y efecto podemos fijar metas. Esas metas te plantean un desafío dialéctico… y de esa forma ya se crea el eje horizontal.
Si se trasciende el conflicto planteado, la consecuencia es un impulso germinal.
Así se activa el eje vertical. No en una dirección pre determinada.
Uno vive la vida horizontal. Inclusive al nivel espiritual.
Lo que podemos vivencial del eje vertical es apenas un instante. Es muerte y renacimiento. Es el impulso que nos saca de un nivel y nos pone en otro… solo que es un eje invisible, que ya tiene una orientación marcada. Es una especie de línea invisible que nos conecta con nuestro SOL ESPIRITUAL.
Es la promesa de ser y los caminos posibles para llegar a ella.
La vida nuestra, con sus preocupaciones y dificultades, propone desafíos puramente horizontales, donde existe, sin dudas, un porcentaje muy grande de responsabilidad propia en la construcción de ese escenario.
El eje horizontal de la cruz es un escenario, un plano horizontal. Es el mundo que nos toca vivir hoy. Es esa red de interacciones dialécticas que nos vinculan al espacio uterino que nos contiene.
Toda esa experiencia uterina es el eje horizontal de la cruz.


La cruz es en verdad una síntesis conceptual. No hay que quedarse preso en la imagen geométrica.
Tenemos que hablar de la experiencia horizontal y de la experiencia vertical de la vida.
Uno puede tener principios bien establecidos dentro de uno que ya nos marcan la preferencia hacia la vida horizontal o hacia la vida vertical.

  • Si tenemos una naturaleza competitiva, sin dudas que nuestro accionar nos marca la predisposición a permanecer en la vida horizontal… porque, sin dudas, no hay mayores preocupaciones por la trascendencia.

  • Pero, si lo que prevalece es una idea más impersonal, en el sentido que no solo estoy preocupado con mi mismo, sino que también me interesa el entorno y me preocupo por cuanto mis acciones pueden o no perjudicar a los otros… o si me interesa el bien común… si esa es mi preocupación básica, tengo entonces una cierta predisposición a vivir experiencia de la vida vertical.

En este último caso habrá una predisposición dialéctica a buscar siempre el medio término, a buscar que lo compartido se lo comparta no en un estado bélico, sino en un estado de más armonía.
La persona que posee estas motivaciones internas es sin dudas una persona que podríamos definirla como espiritual.
Pero aun en este caso las experiencias vividas serán siempre de naturaleza horizontal, porque todas las experiencias, en el campo de la convivencia, afectan y son procesadas por los 5 sentidos.

Los 5 sentidos conforman el único elemento que tenemos para evaluar y mensurar las experiencias cotidianas.
Ya la tarea de la justa evaluación, que me devuelva un juicio de valor veraz, es una tarea que no corresponde a los 5 sentidos… eso ya implica vivir con conciencia las consecuencias de la interacción.
Si obré mal, sentiré sentimientos de culpa. Si hice el bien, me sentiré complacido por eso.
Esto ya es una post evaluación que corresponde a la conciencia.
El sentimiento de culpa o el sentimiento de haber cumplido con el principio básico de la vida es una vibración que nos llega desde la conciencia.
Esto es muy importante porque cuando alguien busca una salida por el lado espiritual, es probable que entre en esta búsqueda por la puerta equivocada.
Este error inicial se daría porque se comienza a conceptualizar respecto de la espiritualidad y, a partir de ahí, a crear discursos, cuando el discurso espiritual todavía no está hecho.
El discurso espiritual se debe hacer a partir de las propias experiencias trascendentes.
La suma de esas experiencias registradas en la conciencia es la “letra espiritual” que conformará el discurso particular de cada uno.


 

La Justicia dentro del Hombre

Todo el proceso que lleva a la elaboración de un juicio de valor arranca del “gusto o no gusto”, “me gusta o no me gusta”. Observemos las criaturas, cuando al poco tiempo de nacer, comienzan a manifestarse. Ellas aún no tienen letra. Se comunican de otra forma. Saben lo que quieren, pero todavía no tienen un lenguaje que puedan expresar. Por lo tanto, todo se reduce a que les gusta o no. Esa es la primera separación de la paja del trigo que todos, sin excepción, hicimos tempranamente en nuestras vidas.
Esa fue la primera separación del bien y del mal… lo que nos gustaba lo asociábamos con lo bueno, con el bien… y lo que no nos gustaba, lo que nos era desagradable lo asociábamos con lo malo, con el mal.
Esa experiencia inicial perdura por toda la vida. Ese primer impacto sensorial es el punto de partida del juicio de valor que se sigue.
De repente miro una cara y me resulta antipática… y como no me gustó, a partir de esa experiencia, elaboro un juicio de valor que a lo mejor es injusto. Principalmente, porque los motivos del desagrado pueden ser múltiples, y fundamentalmente ajenos a la naturaleza esencial de la persona.

Resulta interesante comprender esos diversos grados de la interacción dialéctica, que me podrían llevar a una trascendencia de lo que se está intercambiando.
Digerir aquello que intercambio con el mundo horizontal es algo mucho más profundo de lo que uno se imagina.
Si no me flagro a mí mismo, en el momento en que rechazo un determinado rostro… o sea, en el primer estimulo recibido, cuando tal vez ni conozco a la persona. Si no me flagro en ese instante, decía, sin dudas toda la elaboración mental que se siga será errónea. Por lo tanto, injusta.
Sin dudas que la persona en cuestión tendrá, como todos nosotros, virtudes y defectos. Ambos conformarán la totalidad de su humanidad.
Pero, una primera impresión negativa, generalmente tiene el poder de negación y ocultamiento del lado virtuoso de la persona… que sin dudas, por pequeño que sea, lo tendrá.

Esa propuesta, la de digerir correctamente los procesos de intercambio, es la que define a la persona como una persona espiritual y fundamentalmente justa.
Si me quedo preso en la primera impresión, sin dudas, estoy condenado a quedar aprisionado en el principio de acción y reacción... o sea, en la propia horizontalidad de la vida, cerrando así las puertas a toda posibilidad de trascendencia.

Una de las preguntas más comunes, que nos hacemos cuando intentamos incorporar el principio de la cruz en nuestra vida es; que es lo que hace el otro:

“… yo hago lo correcto, pero el otro…”

Es probable que eso sea real, pero es absolutamente intrascendente. Es más obvio que conflictivo, porque estamos hablando de 2 universos diferentes que se encuentran… pero también estamos hablando de un proceso dialectico que está fuera de sintonía.

Debemos comprender que dos personas se vinculan por mutua necesidad… y esto no quiere decir que la mutua necesidad sea la misma para ambos.
Cada uno busca en el otro principios o valores que le sean complementarios.
El ser interno de cada uno busca en el mundo que le rodea aquellos complementos a los que se tiene que vincular, para procesar el propio crecimiento, a partir de la dialéctica… cada uno busca en el otro los complementos necesarios para construir el discurso que le permita resolver su propia historia particular… y, claro está, estamos siempre ante dos historias diferentes que se encuentran... y esto nos está indicando que ambos se vinculan por motivos bien diferentes el uno del otro.
Simultáneamente se están siempre elaborando dos procesos dialécticos, aunque se está hablando de lo mismo. Se están activando áreas diferentes en cada uno, en función de sus propias necesidades de crecimiento.
Generalmente, el discurso que vincula, es común. Se habla de política o se habla de futbol. Se puede estar hablando de cualquier cosa… uno escucha, el otro responde, se intercambian cosas… pero dentro de cada uno se están movilizando cosas diferentes y se estan procesando diferentes interpretaciones.

Cada uno proyecta sobre el otro, desde su propio Ego, determinadas expectativas porque siente una necesidad de permanecer estancado en un determinado nivel de la existencia.
De hecho, la tendencia general es la de aferrarnos al nivel en que estamos... y desde ahí dar riendas sueltas a nuestras propias ambiciones. Podemos desarrollar un proyecto que se eleve varios centenares de metros sobre el suelo, cuya estructura sea visible desde los cuatro horizontes.
Eso podría dar testimonio de nuestros logros ante el parecer de los hombres… pero a pesar de las honras y de los honores con que el mundo suele premiar el éxito humano, seguiremos compartiendo el mismo nivel con el que deambula los senderos laterales de la construcción pidiendo un mendrugo.

 

ROLANDO GRIGLIO
Astrólogo Kármico

 

misteriosdevelados@live.com