Esta etapa embrionaria representa una verdadera bisagra en el impulso germinal que se sustenta en todo el ciclo intrauterino.
Esta área de influencia planetaria representaba una verdadera función dentro de la unidad psíquica en tiempos del Paraíso, cuando aún orbitaba entre Marte y Júpiter un planeta.
Alguna colisión de gran magnitud lo desintegró dejando en su lugar lo que hoy conocemos como el cinturón de asteroides.
Este planeta desaparecido de nuestro sistema solar le confería a la mente humana el sentido de la CONTINUIDAD CONCIENTE. Es decir, le daba al ser humano la virtud de llevar todos los inicios a buen puerto.
En aquellos tiempos todo lo que se iniciaba tenía principio, medio y fin.

Esto se debía a que el hombre poseía, gracias a esta función, un centro de gravedad permanente. Algo que hoy no tenemos. Esa área se transformó en un centro de dispersión de la materia psíquica.
Hoy por hoy nuestras mentes son dispersas, con muy poco poder de concentración.
Pero, en términos de vivencia intrauterina, esta lunación nos pone en contacto con la experiencia vivencial del caos.
Una experiencia que se constela cada vez que nos enfrentamos al inicio de algo desde cero.
En esas instancias tenemos toda la materia prima necesaria para la construcción… pero sin ningún orden.
En el seno de ese caos está el orden implícito. El punto final de la construcción.

El caos es el origen del actual universo, con todo lo que en él habita. Es la materia constitutiva de todo lo que es y todo lo que existe... por lo tanto, no podemos lisa y llanamente asociarlo con el mal.
Es el punto de partida de todo proyecto. Es la idea y los materiales para construirla.
Una cosa es el caos inicial, que alberga en su seno al germen de la idea y otra bien diferente es el caos como fruto de la desintegración.
En el primer caso tenemos la presencia del Amor como fundamento de la acción. En el otro, tenemos la irrupción de la fuerza disociativa del Odio, separando lo que el Amor une.
El caos generado por destrucción deja un vacío y la profunda sensación de la perdida, como hecho consumado.
Ya, el caos primordial es una promesa de Ser, que genera sentimientos de esperanza.
En este periodo lunar intrauterino se instala en la memoria arquetípica del individuo en formación la vivencia particular del caos, que será constelada después del parto, cada vez que el individuo deba llevar adelante la construcción de una idea propia.
Este será el sentimiento que se seguirá al instante de cualquier inspiración.
Cada vez que la persona experimente un impulso creativo, constelará la vivencia arquetípica de su propio caos individual… y ahí se mesclaran la emociones y sentimientos asociados al caos primordial sustentado en el Amor con las sensaciones de angustias, debidas a las interferencias del caos que desintegra.
El primero deviene del propio impulso germina, que busca la concretización del propio destino individual… ya la segunda experiencia vivencial del caos, que se mescla al sentimiento que acompaña al proceso evolutivo de la persona, responde a los registros acumulados en su memoria arquetípica, referidos a experiencias desintegradoras vividas en el desarrollo de sus vidas pasadas.
Es muy importante entonces analizar los climas psicológicos que se corresponden con la primera lunación (de Neptuno) y la quinta (de los Asteroides), para poder interpretar lo que se siente cada vez que vivimos el desafío de expresar algo que no está en la memoria sensorial de los otros.

 

Algunos principios sobre Astrología Intrauterína