LA MEMORIA DE JUPITER

El cuarto ciclo embrionario abre una nueva puerta de vinculación con el universo, que le da al impulso vital del crecimiento una nueva particularidad.
Habiéndose ya establecido claramente los límites, tanto de la UNIDAD embrionaria como de las diversas partes que la componen, la VIDA continua generando su permanente metamorfosis en el mundo celular.
Su constante impulso para adentro y para arriba se concentra ahora en la trascendente tarea de canalizar los nutrientes que son absorbidos del útero, para alimentar el crecimiento espacial.
Pero es fundamental comprender que el crecimiento de la materia celular es una representación tridimensional de un CRECIMIENTO INTERIOR, que en una ultima instancia es invisible a nuestra percepción sensorial.
Es importante reafirmar permanentemente el siguiente axioma:

CRECIMIENTO = TRANSFORMACIÓN

..., porque lo que realmente se está procesando, de instante en instante, es el fruto de una permanente “digestión espiritual” de los procesos dialécticos con que la UNIDAD en crecimiento se vincula al universo uterino que la contiene.


El embrión en formación, al igual que el cuerpo que continuará su desenvolvimiento después del parto, es una especie de herramienta del SER INTERIOR profundo, que en cada nueva existencia persiste en la tarea de rescatar el ALMA que fue quedando aprisionada en el mundo desde la “caída adámica” (o sea; desde el surgimiento del EGO).
Ese es el verdadero nutriente que el SER INTERIOR busca absorber del mundo, a partir de los diversos conflictos dialécticos que la individualidad en crecimiento sostiene con este.
Los conflictos son procesos esencialmente sensoriales, que nada tienen que ver con el objetivo central del SER.
Este busca en cada reencarnación rescatar el ALMA de la prisión en que fue confinada por la conducta egocéntrica del hombre.

Cada conflicto dialéctico que sostenemos con el universo es el fruto de esa conducta, es un proceso que solo existe en la esfera del intelecto. Allí es constantemente realimentado por el advenimiento de nuevas teorías intelectuales que sobre alimentan la función verbal de la mente, generando diálogos internos realmente compulsivos y persistentes.
Estos diálogos se procesan en varios niveles, desde la esfera consciente hasta los más profundos niveles del inconsciente, y cumplen con la nefasta tarea de silenciar la VOZ DEL ALMA, que es la respuesta superadora de cada conflicto.
El impulso absorbente, para adentro y para arriba, que da sustentación al crecimiento, busca extraer la sustancia del ALMA desde el mismo momento en que el óvulo se une con el espermatozoide,... por tanto; en cada una de las 9 lunaciones que conforman el desarrollo embrionario del hombre hay un mensaje oculto del ALMA, que corresponde al misterio alquímico de cada Rayo Planetario.
El análisis astrológico de este ciclo lunar nos revela cuales son las fuerzas en movimiento que operan en ese período. Esto nos permite comprender la naturaleza de los conflictos dialécticos que aprisionan al ALMA, impidiendo que esta sea el timón del crecimiento.
Descubrir esta dinámica oculta es algo realmente trascendente, porque nos permite comprender que tipo de conflictos vino nuestra ALMA a tratar de resolver en esta existencia.
A pesar del re-direccionamiento arbitrario que la mente intelectual le da a cada uno de nuestros procesos de crecimiento, nuestra ALMA continua, desde lo profundo, haciendo esfuerzos por retornar a la UNIDAD del SER.
Tenemos por lo tanto dos niveles presentes en todo crecimiento:

  • El nivel REAL, que vibra en el núcleo de toda semilla. La esfera del ALMA, que es por donde pasa el verdadero flujo vital de la existencia que busca retornar al seno del SER INTERIOR profundo.
  • El nivel ILUSORIO, que se procesa en la esfera intelectual del hombre y tiene como objetivo silenciar la Voz del ALMA, para generar un crecimiento por la acumulación de aquellos factores que alimenten la sensorialidad.

Cuando los astrólogos estudiamos al Rayo de JÚPITER, generalmente lo hacemos a partir de sus efectos como fuerza asociada al crecimiento. Pero rara vez penetramos el interior de sus misterios.
El origen de la fuerza del crecimiento esta en el propio ESPÍRITU SANTO.
Las configuraciones astrológicas que acompañan a este cuarto ciclo embrionario nos dan una información preciosa, con relación al tipo de nutriente que el SER INTERIOR busca absorber en cada nueva existencia,... y cada vez que ese nutriente es liberado de la “prisión del conflicto”, se produce, en lo profundo de la individualidad, una pequeña metamorfosis. Una transformación real, la cual es también un crecimiento autentico.
Sin dudas que ese nutriente vital es la propia sustancia del ALMA, que contiene en sí misma a la instancia superadora del conflicto.
El CRISTO nos dijo: “CONOCE LA VERDAD Y ELLA OS HARÁ LIBRES”.

 

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