LA MEMORIA DE SATURNO

Una vez concluidas las 4 semanas que correspondieron al periodo de vinculación con el Rayo de Urano, se inicia un nuevo periodo.
Este tercer ciclo embrionario tiene que ver con la etapa en que la UNIDAD en crecimiento se integra al Macrocosmos a través del Rayo de SATURNO.
Es un período importantísimo, porque en el se definen los límites que operan dentro de la UNIDAD MULTIPLA y perfecta. Es en esta fase del crecimiento cuando se establecen las jurisdicciones en las que se confinan las diversas agrupaciones celulares.


En esta etapa del crecimiento embrionario se introduce un nuevo principio de orden: el principio de la BELLEZA PLATÓNICA que es una de las principales bases de sustentación del equilibrio universal.
Una vez que las partes internas se vincularon según sus afinidades, la fuerza de la UNIDAD hace sentir aquello de que “el derecho de uno termina donde comienza el derecho del otro”.
Cada una de las agrupaciones se encargan de “aislarse” de las otras delimitando sus propias jurisdicciones. Porque la Madre Naturaleza, en su Sabiduría, coloca en cada uno el secreto deseo de participar de lo exclusivo.
Aquel que tenga un mínimo de observación de la conducta social podrá corroborar por sí mismo la veracidad de este principio.
Algunos podrán imaginarse que la soberbia encuentra campo fértil en la expresión mecánica de este principio; habrá, sin dudas, algo de verdad en eso. Pero no es esa la finalidad que se encuentra inherente en este ciclo.


Se debe prestar mucha atención a las tensiones astrológicas que se producen durante este ciclo lunar, porque ellas se refieren a conflictos psicológicos que deben ser trascendidos en el transcurso de la nueva existencia.
Estos conflictos no resueltos en vidas pasadas son las causas profundas de las limitaciones presentes en la existencia actual,... y como las lunaciones se pueden calcular con mucha precisión, podemos ver claramente cuales son las CASAS y los SIGNOS envueltos en las tensiones. Esto nos brinda un panorama bastante objetivo de lo que hizo mal en las vidas anteriores.
Las diversas limitaciones que todos tenemos en la vida actual responden a objetivos de naturaleza realmente trascendente:

  • Delimitar las áreas psicológicas que deben ser trabajadas, para liberar las partículas del ALMA que en ellas se encuentra aprisionada.
  • Delimitar nuestro nivel de SER para que este se inserte, a través de la Ley de las Afinidades Psicológicas, en el espectro social que le corresponde.

Es en este punto de la Creación cuando se comienza a percibir que el principio de la IGUALDAD es una quimera, una verdadera abstracción intelectual que solo está presente en la mente del hombre.
En el Universo cada instante, cada destello, cada alteración es única e irrepetible. Algo que ni siquiera puede permanecer igual a sí mismo, porque todo esta en un proceso de permanente transformación.
El universo es absolutamente heterogéneo en toda su extensión y en todo su contenido. Pero a pesar de las diferencias existe el principio de la complementariedad, que opera sus “negocios” entre bambalinas para que puedan generarse constelaciones de individuos integrados en unidades comunitarias.
Cada una de estas unidades tendrá su propia dinámica interna y su particularidad será definida por las características de los procesos dialécticos que se desenvuelvan en su interior.
Los intercambios dialécticos conforman la base sobre la que se integra el Universo y cada constelación de células que, en esta etapa del proceso embrionario se forma en el interior del útero, se mantendrá integrada dentro de los límites de una estructura coherente por una “música” que les será particular.
Los “diálogos internos” de cada constelación celular se desenvuelven siempre sobre la base del objetivo central que aproxima a cada una de sus células integrantes.
Todas y cada una de ellas hacen su aporte individual al tema central que las convoca, lo que acaba creando un “micro-clima selectivo” donde se tratan asuntos específicos, relacionados con el crecimiento general del embrión.
Cada área encerrada dentro de los límites precisos de una determinada región se verá impulsada, desde lo profundo, por la corriente ascendente que opera en todo el universo llevando las dispersas partículas de la PLURALIDAD hasta ese punto matemático donde se unen, en vibrante armonía, los aspectos complementarios de la realidad.
En esta etapa del ciclo de SATURNO las constelaciones deben tomar conciencia de su verdadera eficiencia interior para contribuir con la corriente vital del crecimiento. Porque este será siempre el resultado de lo que se haga, dentro de los límites de la epidermis que limita espacialmente al conjunto.
En este tercer ciclo del proceso embrionario se incorpora el principio de la forma como límite y frontera para encausar la voluntad de crecer.
El límite permite sustentar la coherencia interna de las comunidades en crecimiento, impidiendo que estas se vean debilitadas por la acción perniciosa de la “levadura de los saduceos”.
El principio de la igualdad no existe, pero el ser humano a llevado su obsesión por afirmarlo a extremos que no solo son contestables desde la ética, sino que también lo son desde el propio instinto de supervivencia.
Me estoy refiriendo a la locura científica de la clonación, que violenta desde sus raíces más profundas al principio de la heterogeneidad, sobre el cual se edifica el universo.
Lo heterogéneo hace posible que se manifieste el misterio del AMOR, el cual se esconde en los espacios inexplorados que separan a los diversos elementos que conforman una UNIDAD en crecimiento.
Desde lo profundo de esos espacios surgen los eslabones de la complementariedad. Ellos unen en armonía a las partes que vagan solitarias en busca de su complemento.
El propio principio de la belleza está asociado a la armonía de las diversas partes que conforman un todo perceptible. Partes que son claramente diferenciadas entre sí, pero que no obstante se entronizan unas con otras por la acción vinculante de alguna tonalidad compartida.El propio principio de la belleza está asociado a la armonía de las diversas partes que conforman un todo perceptible. Partes que son claramente diferenciadas entre sí, pero que no obstante se entronizan unas con otras por la acción vinculante de alguna tonalidad compartida.

 

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