Lo importante es comprender que los seres humanos le dimos la espalda al principio de la Unidad, desde hace mucho tiempo.
Las diversas tradiciones esotéricas hablan de una Edad de Oro en la que el hombre, en armonía con la Unidad, vivía su propio Paraíso.
Hay un punto matemático en la historia de la evolución del hombre, en la que cambia radicalmente su postura de cara al propio universo que lo contiene.
Algunas corrientes científicas especulan analíticamente con el hecho de que hace unos 24.000 años existía un planeta más en nuestro Sistema Solar. Un planeta que orbitaba entre Marte y Júpiter.
No es que este planeta haya desaparecido por arte de magia. Debe haber sido una gran colisión… algún gran asteroide que impacto con el planeta.
Lo cierto es que hoy orbitan por ese espacio innúmeros fragmentos, que conforman el cinturón de Asteroides.
Por lo tanto, al nivel de grandeza del Sistema Solar, se produjo un gran desequilibrio que también se hizo presente en los niveles de grandeza menores, hasta la dimensión del hombre.

La fuerza de la Unidad operó en esos niveles, buscando restaurar el equilibrio perdido.
Al nivel de nuestro planeta, la Madre Tierra, como polo femenino de la Unidad, imprimió una mayor fuerza de succión sobre las semillas, para obligarlas a hacer mayores esfuerzos para sustentar sus propios impulsos germinales.
La intención evidente era la de hacer que, con ese esfuerzo extra, se rectificase la desviación que el nuevo estado de desequilibrio producía en los procesos de germinación.


ORIGEN DEL EGO

Todos los reinos de la Naturaleza acataron respetuosamente las nuevas condiciones que la Madre Tierra imponía.
Solo el ser humano no lo hizo.
Por el contrario sintió que la tierra le estaba negando, o por lo menos dificultando, su natural derecho a germinar.
Ese primer sentimiento es el origen del Ego humano.
El hombre sintió que todo aquello que estaba más allá de su epidermis se oponía a sus objetivos. Por esa razón, a partir de ese momento, se “atrincheró” epidermis adentro, separándose del entorno uterino que lo contenía. A partir de ahí pasó a sentirse auto suficiente y se desvinculó de sus complementos desarrollando un dialogo interno, a través del cual se convencía a si mismo de no necesitar de ellos… que lo que deseaba lo podía conseguir a partir de sus propios esfuerzos.
Acto seguido, pasó a sentirse Unidad en sí mismo. Una unidad que solo existía de la epidermis para adentro y negaba cualquier pertenencia al universo que lo contenía.
Este es el origen de la mente horizontal. La que se desenvuelve a partir de la ley de CAUSA y EFECTO.
Debemos interpretar también, en este nuevo estado psicológico emergente, la metáfora bíblica de la expulsión del Paraíso.
Con esa nueva actitud psicológica el hombre se desvinculó de la UNIDAD, se desvinculó del AMOR, se desvinculó de DIOS.

La meta del ego es su auto afirmación, asociada a la idea de ser más.
Aquí nos encontramos con la envidia, porque la escalera para "subir" es la dialéctica de las relaciones.
Así maneja el ego la bi-polaridad.

Hay otra bi-polaridad más esencial que tiene que ver con la lucha SER -EGO.

En el plano de la dialéctica de las relaciones este conflicto se define en la esfera de VENUS, donde cada paso nos enfrenta ante 2 caminos:

  • Uno propuesto por el Ser (trascender la auto afirmación y la competición).
  • Otro propuesto por el Ego (ganar/dominar al complemento).

Mucho depende de como fueron resueltas las primeras tentativas de resolver la dialéctica esencial (en los primeros años de vida).

  • A partir del primer aliento, el SER inicia su proceso germinal ante el mundo.
  • El mundo ya se manifiesta en el hogar como una síntesis del conflicto PADRE-MADRE.
  • Esta síntesis ya define los límites karmicos del proceso germinal. Dependiendo de como se haya definido la dominación entre los padres, así será el ímpetu germinal del niño.
  • Si superó el PADRE dominará el deseo de ganar superando al complemento. Si superó la MADRE habrá una sensación de que el complemento es más (esto puede dar lugar lugar a una gran variedad de comportamientos ante la vida).
  • Una vez que el orden establecido marcó su impronta sobre la identidad, la voz del SER se hace sentir como sentimientos de culpa (grandes o pequeños según el caso), que se Infiltran en los actos de auto afirmación.
  • Podemos considerar 4 etapas en la vida de una persona. A saber:
    1. La infancia.
    2. La juventud.
    3. La madurez.
    4. La vejez.

Si bien dentro de estas consideraciones genéricas existen sub etapas, para los fines de este trabajo nos basta con ellas.
El proceso germinal se debe procesar siguiendo ese orden, en el que cada etapa tiene sus propios desafíos y su razón de ser.
En la primera etapa es necesario restablecer los vínculos dialécticos con el mundo, según su karma.
Esto ya será condicionado por la naturaleza del vínculo de los padres entre sí... como así también por la naturaleza de su propio vínculo con ellos.
Esa vinculación selectiva restaura su propia unidad, al reencontrarse con sus propios complementos.

En la segunda etapa ya hace su irrupción EROS y las vinculaciones selectivas adquieren otra connotación.
La primera etapa fue una búsqueda de la propia identidad. La segunda inicia el periodo de la auto afirmación a través de los estímulos sensoriales de VENUS.
La sexualidad adolescente es una especie de búsqueda, por acierto o error. Una búsqueda instintiva e inconsciente del complemento síntesis.


Hay una "Penélope" esperando en el final del camino de toda individualidad.
Esta no es una afirmación machista, porque nada tiene que ver con los géneros. Los complementos son la parte del mundo que nos corresponde a todos, hombres y mujeres. Estos forman parte del Gran Utero.
La multiplicidad de experiencias que suelen formar parte de la historia juvenil, deben interpretarse dentro del contexto de esta búsqueda.
Si bien ellas generalmente son intensas, no son tan profundas porque se fundamentan en la búsqueda del placer sensorial... en un mundo lleno de estímulos que genera situaciones competitivas... y es dentro de ese escenario que se busca la auto afirmación.
En un universo de este tipo, los vínculos dialécticos (principalmente con el sexo opuesto) tienden a conformar "triángulos". Estos pueden ser inclusive inconscientes... pero triángulos al fin.
Entre las 3 partes que conforman el triángulo, fluyen corrientes subterráneas (y no tanto) de interacción dialéctica, donde cada individualidad marca su presencia desde su propia tentativa de auto afirmación.
Visto desde el individuo, tenemos:

    El objeto de dominación (objetivo).
  • El competidor.

Estos son los estímulos externos del individuo. Cada uno de ellos le motivan sentimientos y emociones diferentes... pero lo que es claro es que a los dos se los quiere vencer.
En el primer caso, el "triunfo" es una especie de botín de guerra (poseer al complemento).
En el segundo, el "triunfo" representa una especie de aniquilación (eliminar al complemento).

Desde el punto de vista del Ego, poseer significa tener exclusividad sobre el objeto. Esto es: el resto de los complementos que forman parte del escenario en el que se encuentra el objetivo de posesión son potenciales competidores, lo que amerita el deseo de aniquilación para resurgir en un escenario libre de amenazas.
Por lo tanto, desde el punto de vista del Ego, la conquista del complemento representa siempre una situación triangular. Donde el objeto de conquista (deseo) se origina en la función de VENUS y el de la aniquilación de competidores en la función de PLUTON.
Esto es una distorsión que se origina en la sobre posición de dos tiempos que deberían ser sucesivos:

  • El que corresponde al primer tiempo del vínculo, que tiene que ver con el clima psicológico de la casa VII (regido por VENUS) .
  • El que corresponde al de la profundización, que se corresponde con la casa VIII (que es regido por PLUTON.

Se crea entonces un clima psicológico asociado con la conjunción VENUS-PLUTON.
Es muy importante comprender qué es lo que motiva a cada función planetaria. Porque, si bien es cierto que ambas se mezclan en un mismo espacio psicológico, no es menos cierto que cada una tiene su propia motivación... y esto nos permite una interpretación mucho más pormenorizada del acto de conquista.
Sin dudas toda acción tendiente a la conquista posee a estas dos funciones como música de fondo.
Por lo tanto, es necesario analizar la naturaleza del Plutón y del Venus particular de la persona para comprender en profundidad el estado psicológico que acompañan la acción.
La persona está con su mira puesta en el objetivo de la conquista, activando con esta percepción un amplio espectro de sus deseos... pero esto va acompañado de la necesidad de sentir que posee la exclusividad de esa experiencia dialéctica.
Hipotéticamente podrá sentirse en terreno seguro si consigue el reconocimiento de todos los que forman parte de su mundo particular.
Para eso debe sentir que su persona ha superado en "méritos" a todos los demás.
Por lo tanto emprende dos batallas simultáneas:

  • la conquista del objetivo.
  • la lucha para ponerse por sobre la condición de los otros.

El Ego necesita de auto afirmación permanente, porque el súper ego estará siempre recordándole que debe sentirse UNIDAD, habida cuenta que, como dijimos oportunamente, desde hace 24.000 años se desvinculo psicológicamente de sus propios complementos, afirmando que su mundo es el de los cinco sentidos... y desde entonces nuestro Ego vive reafirmando la idea de que desde allí puede y debe decidir sobre cuales son sus necesidades esenciales... a lo que acrecienta la afirmación de que puede lograrlas por sí mismo.
Esta postura egocéntrica rompió radicalmente el principio de la Unidad, al nivel de la experiencia consciente. Pero no en lo más profundo.
En la raíz profunda de cada vínculo esta presente la Unidad que lo sustenta. Es la auto afirmación egoica la que niega esta realidad... que, a pesar de los pesares, fue, es y será por siempre.
Por lo tanto, tenemos ya una de las razones, cuando no la mas importante, que sustenta la necesidad de auto afirmación del Ego: el esfuerzo permanente por convencerse que ES lo que NO ES.

Desde el punto de vista astrológico debemos hacer las siguientes consideraciones:

¿Cuales son los deseos de la persona?... esto pertenece a la esfera de Venus.
¿Cómo los va a conquistar?... esto pertenece a la esfera de Marte.

Hay un "deseo" de crecimiento básico... esto pertenece a JUPITER. Este le da sentido a la vida. Los deseos están en relación con este sentido.
Hay que comprender la auto afirmación dentro de este contexto.
La función de Júpiter, entendida desde el Ego, trata de "suplantar" a la fuerza germinal impulsando un crecimiento fundamentado en el deseo que busca la auto afirmación.


Para conseguir esto se deben "anular" los complementos, porque estos plantean la dialéctica necesaria al proceso germinal.
En ese sentido apunta egoisticamente el PLUTON particular de cada uno.
Pero lo que se debe comprender es que ambos, ovulo y espermatozoide, son una extensión de la vida de los padres, desarrollándose en tiempo real dentro del vientre materno.
Por lo tanto, al unirse el ovulo con el espermatozoide, se inicia una profunda interacción dialéctica entre ambos que jamás para.
Esta interacción intrauterina reproducen en simultaneidad los intercambios dialécticos que viven los padres en su vida de pareja, fuera del útero materno.
Es necesario tomar conciencia de lo que hemos considerado hasta el momento, para evitar posteriores errores de interpretación.

  • Si llevamos en consideración que el óvulo representa el mundo en el que vivió la individualidad encarnaste en la vida anterior y el espermatozoide la postura que esta individualidad tubo ante este mundo, concluimos en que los padres son en su unidad lo que el hijo fue en su pasada existencia.
  • Los conflictos existenciales vividos por los padres en el escenario de su vida cotidiana acaban siendo una adaptación de la historia karmica del hijo a los nuevos tiempos.

La fuerza del Amor sustenta el proceso germinal, al unir en vibrante armonía los opuestos complementarios.
El Ego, en sus orígenes negó su pertenencia a la Unidad. Algo que ya hemos comentado oportunamente.
Pero negar lo innegable genera una dolorosa condena a perpetuidad.
Es necesario un permanente esfuerzo de auto afirmación para mantener (ante sí mismo y ante los demás) la posición declarada.
Por tal motivo, el Ego debió elaborar un nuevo manejo de las funciones de la mente sensorial, para sacar al individuo del eje sobre el que se desarrolla su propio proceso germinal.
Fue necesario desviar el impulso vital que entra por la puerta del SOL, para re interpretarlo desde la función de JÚPITER.
Originariamente este rayo completaba el impulso solar, dándole sentido y dirección a las directrices de crecimiento.
En su esencia Júpiter indica el área donde se debería procesar el eje del crecimiento, cuyas metas son definidas por el Sol. La función del Sol se limitó, desde la aparición del Ego, a marcar el lugar en el que se pretende la auto afirmación... pero esta pasó a ser condicionada por los deseos de VENUS... que por su vez se derivan de una suerte de ambición jupiteriana.
Allí donde esta Jupiter la vida se carga de sentido. Pero también de ambición, que se elabora en la mente sensorial.
Es como sí el Ego hubiese captado para sí a los dos fieles escuderos del Sol: MERCURIO y VENUS.
Estos pasaron a ejercer sus atributos desvinculados de la meta germinal.
Pero como no se puede separar lo que DIOS unió. Esto es; lo que esencialmente es complementario. El Ego no tubo otra alternativa que emprender su cruzada mortal contra los complementos que sustentan la individualidad, identificando objetos de deseo externos, según la apetencia de los cinco sentidos.

VENUS abrió las puertas de su función a las vibraciones emocionales y sensaciones, que se derivaban de la percepción de estos estímulos externos... y en eso comprometió a su propio "brazo" ejecutor: MARTE.
La función de Marte tiene, como origen de su accionar, dos fuentes:

  • Los deseos de VENUS.
  • La impronta de PLUTON, por ser su octava inferior.

Desde Plutón viene la in negociable determinación de anular la acción vinculante de los complementos, para que los deseos venecianos puedan llegar a buen puerto.
Por lo tanto no sólo debemos pensar en una conjunción VENUS-PLUTON, sino también en la conjunción VENUS-MARTE. Acompañando el clima psicológico del deseo y la acción respectivamente.

Esto nos lleva a reflexionar con más detenimiento, respecto de la razón de ser del mecanismo de auto afirmación que sustenta la propia existencia del Ego.

El instinto de súper vivencia está doblemente dimensionado en el universo del Ego, porque este debe mantener una condición dialéctica que no se corresponde con la "química" que sustenta la unidad del individuo.
El Ego establece puentes de Interacción con sus objetos de deseo... pero hay que comprender que estos objetivos externos poseen en sí mismos atributos que están en las antípodas de los verdaderos complementos. Aquellos que generan la dialéctica que sustenta el proceso germinal del propio individuo.

Para qué se entienda un poco mejor lo que son en sí mismo los complementos de un individuo, diremos que de ellos esta hecho el mundo que contiene a la persona de carne y hueso.
Todas las formas que percibimos sensorialmente las percibimos porque nos son complementarias... y esta complementariedad arranca desde la constitución atómica de los objetos.
Por lo tanto no estamos apenas vinculados karmicamente a personas u objetos específicos, sino también al escenario que los contiene.
Hay un vínculo afectivo con el paisaje karmico de los primeros años de cada existencia. Cada árbol, cada piedra, cada lugar, se integran al universo de nuestras nostalgias.
Esto no es una condición carente de sentido sino todo lo contrario, porque nos garante la continuidad de la existencia como individuos.
Principalmente a la hora de reencarnar.

 

ROLANDO GRIGLIO
Astrólogo Kármico

 

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