LA REVELACIÓN DE PLUTÓN

Tenemos el privilegio de ser testigos presenciales de lo que la historia astrológica analizará, en los tiempos venideros, con relación al sincronismo que vincula a las revelaciones que emanan de los misterios del cosmos, con las revelaciones con que se va dando a conocer la propia cosmogonía del hombre.
Hay una sincronicidad asombrosa entre lo que sucede en la esfera celeste y lo que se desarrolla en el plano de nuestra existencia terrena.
Basta con recordar los hechos significativos que acompañaron, desde la esfera del hombre, a los graduales descubrimientos de los tres planetas transaturninos.
Desde las revoluciones sociales y políticas que se dieron en simultaneo con el descubrimiento de Urano hasta los descubrimientos en el plano de la realidad subatómica, coincidentes con el descubrimiento de Plutón. Pasando por la exploración en la esfera del mundo inconsciente, que se dio en coincidencia con el descubrimiento de Neptuno.
Cada vez que se corre un velo en los misterios del cosmos, sucede una idéntica revelación en el universo del hombre.
Ya se ha hablado mucho respecto de esta sincronicidad… y los registros históricos conforman un testimonio elocuente de esta incontestable revelación empírica.
Plutón fue descubierto a las 16 horas del 18 de febrero de 1930, por el astrónomo estadounidense Clyde William Tombaugh, desde el Observatorio Lowell ubicado en Flagstaff, Arizona.
Esa época vio la consolidación de líderes carismáticos que tuvieron un enorme poder sobre las multitudes humanas. Un poder que ejercieron tanto a través de la violencia como de la manipulación.

El poder de Plutón entró en la esfera de la convivencia humana por la puerta del instante de su descubrimiento.
En esos momentos, la configuración del cielo se plasmó en el universo de la dialéctica del hombre y puso en evidencia aspectos más ocultos y obscuros de su psique.
Los límites del universo conocido se ampliaron y la psicología humana entró en contacto con épocas más primitivas de su historia. Cuanto más se penetra hacia lo profundo del espacio más se retrocede en el tiempo.
Con lel descubrimiento de Plutón nuevos misterios de la creación emergieron a la luz del saber consciente.
Se dio, con este descubrimiento, un nuevo paso hacia la comprensión del origen de todas las cosas.
En esos momentos, la ciencia del hombre abrió una puerta que nos colocó frente a una nueva dimensión de extrema peligrosidad.
Las fuerzas sustentadoras del orden material quedaron expuestas… y esto dio lugar a la aterradora evidencia de que todo el orden establecido podría ser reorientado y hasta su propia geometría podría aniquilarse desde su raíz más profunda.
Fue un momento trascendente en el que el hombre fue literalmente probado por la providencia en sus valores más esenciales.

En ese momento se colocó a la propia ciencia ante una bifurcación inevitable de caminos: el de la construcción o el de la destrucción.
Tomar conciencia del poder que daba la posibilidad de direccionar las energías presentes en el núcleo del átomo, despertó un sentimiento de omnipotencia que aumentó el individualismo humano, en perjuicio del bien común.
Si ya estaba absolutamente decretada, desde hace muchos siglos, la ausencia de vínculos con el cosmos, esta instancia aumentó considerablemente esas distancias y el hombre se desvinculó más aún de sus semejantes.
Bajó al nivel de sus propios infiernos atómicos y es aquí donde se le abrió la posibilidad de transitar dos caminos. Lamentablemente tomó el camino equivocado… tomó el de la destrucción.
No dudó en bombardear el núcleo atómico para liberar torrentes de energía, que jamás deberían haber salido de ese confinamiento, finamente contemplado en la ecuación general del universo.
Solo mentes desprovistas de la substancia del amor, podrían haber tomado tal actitud ante el nuevo umbral que se abría hacia el futuro.
La destrucción del átomo selló el destino de la humanidad y dió inicio a una carrera por el poder y el control del mundo, en manos de los que poseyesen el “abracadabra” capaz de abrir la puerta para penetrar el abismo insondable de la materia.
La energía obscura que de allí comenzó a drenar hacia la superficie de la Madre Tierra, no solo creó un conflicto insoluble con relación al destino de sus residuos radioactivos, sino que también liberó vibraciones psicológicas de una enorme gravitación involutiva, que comenzaron a emanar desde el subconsciente del hombre.

Sería un absurdo culpar al buen Plutón por esta obscura perspectiva. El único responsable en todo esto es el hombre y solo el hombre.
Talvez el Genio tutelar de Plutón vislumbró, en su sabiduría, la posibilidad de que el hombre escogiese del camino de la fusión nuclear. Inspirándose en la modalidad operativa presente en el propio núcleo del Sol.
Las energías plutonianas que operan en lo profundo de la psique humana son de naturaleza absolutamente universal y lo hacen en obediencia al plan directriz que sustenta la dinámica de toda la creación.
La vibración plutoniana nos pone en contacto con los remanentes de nuestro propio pasado no resuelto.
Tienen el poder de hacer emerger fragmentos coagulados de antiguos escenarios que siguen siendo sustentados por una dialéctica conflictiva, que impide el fluir de cualquier impulso germinal.
La fuerza de Plutón es la que permite que el pus sea expulsado del organismo humano y así liberarlo de impurezas.
Está presente en el impulso que nos hace vomitar para evitar que ingresen al sistema digestivo substancias indigestas.
… y podríamos enumerar una larga lista de acciones plutonianas presentes, no solo en el nivel de la biología, sino en todos los niveles de la existencia terrena.

Este accionar representa una suerte de barrera defensiva que comienza a operar a partir de un cierto nivel de profundidad.
Ese nivel marca el ingreso al área donde comienza a operar el subconsciente humano. Es el nivel donde ya no puede operar la voluntad consciente del hombre, para separar la “paja del trigo”.
A partir de ese límite, la propia Madre Naturaleza se encarga de procesar la digestión de los nutrientes impuros que penetran al interior de cada individualidad.
Esa función depuradora es la naturaleza esencial de Plutón. Representa los misterios del Amor operando más allá de la materia celular. Allí donde impera la realidad atómica.
Un conocimiento elemental de la química clásica nos revela que, a ese nivel, la fuerza de la unidad se encarga de vincular los opuestos complementarios para darle consistencia a las estructuras del mundo visible.
Es a este nivel donde se define la raíz bipolar de todo el universo.
Lo que expulsa Plutón es lo que no corresponde a la mutua necesidad que vincula a los opuestos complementarios. Esa es la materia impura que no se puede asimilar a la bipolaridad de las estructuras.
Pero para que eso suceda es fundamental y necesario que los polos que se vinculan estén claramente definidos, desde su raíz más esencial.

La destrucción de los núcleos atómicos desagrega la polaridad que define los extremos de la interacción dialéctica que opera dentro de la unidad. Con lo cual, se desagrega la propia estructura de la unidad.

La unidad de cada átomo debe permanecer incólume dentro del contexto de su propia realidad infinitesimal, porque todo lo que allí sucede responde a la dinámica del amor, que es la propia fuerza de la unidad manteniendo a los opuestos complementarios unidos en una interacción de vibrante armonía.
Ya desde ese nivel comienza a perfilarse la ley de las afinidades psicológicas, que en el mundo tridimensional entendemos por aquello de que Dios los crea y ellos se juntan.
… bueno… eso de que ellos se juntan podemos encerrarlo entre ¿…?
Porque no creo que la unión del cloro con el sodio sea el resultado de una voluntad selectiva consciente sea del cloro o sea del sodio.
Más bien podríamos decir que el cloruro de sodio es el fruto de una unión atemporal, que independe de la circunstancial aproximación de ambos átomos.
Ellos están unidos desde el origen de los tiempos y así será por toda la eternidad.
Ellos son la explicitación de una misma unidad original. Ambos átomos son su expresión bipolar.
Pues bien… desde el nivel en que vibra la energía de Plutón opera, para dentro y para arriba, una fuerza cuya naturaleza es esencialmente depuradora.
Esta fuerza cumple con la tarea de expulsar de la unidad, todo aquello que obstaculiza el impulso germinal de su crecimiento.
No está de más recordar que en el universo todo está germinando. Todo está creciendo. Ese es el impulso vital inmanente en la creación.

Así como Saturno es un guardián de los límites que definen las diversas estructuras del mundo manifestado, así también Plutón es un riguroso guardián que vela por preservar el impulso germinal de la vida.

Para finales del 2008, Plutón entro en Capricornio y, desde entonces, cumple con la tarea de depurar, desde sus raíces más profundas, la naturaleza de todas las estructuras creadas por el hombre.
Sin dudas que el propio hombre fue creado con el objetivo de ser una de las principales herramientas, para adecuar el escenario de la convivencia a las necesidades circunstanciales de la propia evolución de las especies.
Así funcionó hasta que el EGO se instaló en la psique del hombre.
… desde entonces, el hombre desenvolvió una nueva dialéctica que hizo conque, dentro de nuestra propia especie, se desagregasen muchos de los vínculos naturales que responden a la ley de las afinidades psicológicas (aquello de que Dios los crea y ellos se juntan).

En sí, todas las funciones astrológicas tienen una manifestación positiva y otra negativa. Esto tiene que ver con los dos caminos que se le abren al hombre ante cada impulso germinal.
Pero es bueno aclarar que no es totalmente correcto interpretar esto como una consecuencia lógica de la bipolaridad de la existencia… por el contrario, podemos decir que responde más a la imperfección del hombre (por causa de su Ego) que a la intencionalidad de la providencia.
Es oportuno hacer esta aclaración porque Plutón expresa el movimiento de aguas muy profundas. Representa las fuerzas del inframundo y los terrores que estas producen cuando hacen sentir su presencia. Una presencia sin dudas temida.
Plutón mueve fuerzas del interior más profundo de la tierra, expulsando, desde todos los niveles, aquello cuya naturaleza es perjudicial al crecimiento… y aquí entramos en un terreno que el Ego humano no quiere indagar demasiado, habida cuenta de que los cimientos sobre los que se erige el orden establecido, responden a las necesidades de supervivencia del propio Ego y no a la necesidad de trascendencia sobre las que se desarrolla el impulso germinal.
La interacción dialéctica entre opuestos complementarios, produce instancias de trascendencia, por donde fluye (para adentro y para arriba) el impulso germinal.

La condición fundamental y necesaria para que este impulso se haga presente es que el vínculo dialectico se dé justamente entre opuestos complementarios.
Esto nos pone ante la evidencia de que existen otros vínculos que no pertenecen a la categoría de complementarios.
Estos vínculos son los que se consiguen por vías de la conquista… algo que está fuera del principio de la unidad.

Cuando el ser humano le dio la espalda a la unidad, diciendo yo no preciso de mis complementos naturales, debió establecer una dialéctica basada en otra propuesta.
Esta consiste, hasta hoy, en fijar objetos de deseo y vincularse a ellos a través del intento de conquista.
Esta actitud detona, sin dudas, el principio de acción y reacción, con lo cual se garante la interacción dialéctica necesaria para sustentar una estructura de unidad… y con ello sentir que “se es lo conseguido”… y si aún no se ha llegado a conseguirlo, potencia la interacción dialéctica a partir del deseo de lograrlo.
Todo esto implica una actitud de permanente autoafirmación, que hace realidad aquello de que no hay mejor defensa que un buen ataque.
Es importante poner todo esto en clara luz, para poder comprender cuál es la esfera de acción en la que operan las fuerzas plutonianas, dentro de la estructura humana.
De lo expuesto hasta el momento, concluimos que existen dos formas diferentes de dialéctica:

  • Una sustentada por el Amor.
  • Otra sustentada por el deseo.

Lo que se construye a partir de la dialéctica del deseo no tiene fundamentos ni raíces que lo sustenten.
En cambio, lo construido a partir de la unión de opuestos complementarios es indisoluble… porque esa unión se remonta al origen de los tiempos y debe permanecer hasta el fin de los tiempos.
Es por esta interacción dialéctica (la del amor) que fluye el impulso germinal, que no es otra cosa que la propia explicitación de la vitalidad de la vida.

La función depuradora de Plutón se desarrolla exclusivamente en la esfera de la dialéctica del deseo… y solamente allí.

La energía de Plutón está asociada al propio sistema inmunológico, que busca preservar y proteger el impulso germinal que opera en el interior de todos los seres vivos.
Todo lo que se ha acumulado, como fruto del egoísmo, es perjudicial a la naturaleza esencial de este impulso. Pero el Ego lo atesora como trofeos que justifican y al mismo tiempo dan testimonio de sus logros.
Esto hace con que el Ego aumente desproporcionalmente su intensidad en el área de la carta natal donde Plutón está presente.
Ese grado zodiacal de la carta es el punto en que el karma individual presenta sus mayores exigencias de “limpieza”.
Es allí donde la individualidad egoica aumenta su necesidad de autoafirmación. Esto es: la necesidad de tener el control de la interacción dialéctica.
A partir de esa necesidad se elaboran todos los sentimientos, que le dan a la naturaleza esencial de Plutón ese lado más obscuro y al mismo tiempo temido.
Es el miedo de perder lo adquirido lo que detona el deseo de poder y manipulación, que muchos atribuyen al lado negativo de este planeta.

No vamos a entrar en el mérito de esta consideración ya prácticamente aceptada por la comunidad astrológica, que le atribuya a todas las funciones planetarias un lado positivo y otro negativo.
Apenas se pretende aportar, con todo lo expuesto, la idea de que lo negativo (en el sentido de obscuro o perverso) no proviene de la creación, sino que se introdujo en la ecuación general de la evolución humana a partir del momento en que surgió el ego (conforme ya lo hemos desarrollado en otras partes de este sitio).
Si bien es cierto que esta fuerza depuradora viene ejerciendo la función específica que le corresponde en este sector del cosmos desde hace muchos milenios, no es menos verdadero afirmar que, a partir de su descubrimiento, se abrieron áreas más profundas de la mente humana… y esto implicó una mudanza muy importante y profunda en el comportamiento del hombre, no solo como individuo sino también como expresión colectiva.
Por eso es muy importante comprender la instancia de su descubrimiento. Porque la dinámica del universo en esos momentos marcó la naturaleza de la influencia que este planeta pasó a ejercer, de forma ya más visible, sobre la psicología humana.
Clyde Tombaugh fue su descubridor y, el fragmento que se sigue nos muestra un poco el clima que acompañó las instancias del descubrimiento:

"...La tarea no era fácil: analizar una constelación zodiacal por mes, y tres fotos por semana: esa era la estrategia. En cada placa aparecían miles y miles de estrellas, ya que el telescopio que utilizaba era de gran calidad, y en ese caos de puntitos había que captar a uno que cambiara de posición entre una foto y otra.
El 18 de febrero de 1930, a las cuatro de la tarde, Clyde Tombaugh notó que un objeto de magnitud 17 se había movido en las placas fotográficas tomadas en la región de Delta Geminorum en distintas épocas. Eso era justo lo que se trataba de encontrar, ya que al cambiar de posición a medida que transcurrían las noches, ello indicaba que no podía ser una estrella u otro astro fijo. Había descubierto Plutón"
.

Plutón se descubrió en momentos en que transitaba el grado 17 de la constelación de Cáncer. Sobre la XII casa terrena.
Dado lo que sabemos hoy al respecto de sus caracteristicas más esenciales, no podría haber vibrado en un lugar más apropiado que ese (entre otras cosas, la casa del inconsciente colectivo y de las fuerzas subterráneas que se procesan en las regines marginales y más profundas del orden establecido).
Por otro lado, la constelación de Cáncer hace referencia a la naturaleza uterina de la Madre Tierra... y el regente de este signo (la Luna), que vibra con la intensidad de Escorpio en la IV casa (que remite al mundo interior y al pasado remoto), vinculandose a Plutón a través de un trígomo, nos da todo un cuerpo de lectura.
Como una primera lectura, la influencia que ejerció Plutón al momento de su descubrimiento, tuvo que ver con la movilización de aspectos en lo profundo del inconsciente colectivo. Revelando cuestiones ocultas de la influencia que los órdenes uterinos ejercen sobre el impulso germinal de cada individualidad que lucha por conseguir su propia individuación, dentro del contexto el orden colectivo.
De repente, los vínculos que manteníamos como individuos con lo colectivo se hicieron más profundos… con lo que aumentó considerablemente el nivel de intensidad en la dialéctica que vincula a todos y cada uno de nosotros con el mundo que nos contiene.
Los conflictos existenciales pasaron a tener un mayor grado de intensidad y, hacia el interior de la sociedad humana las individualidades se hicieron más egocéntricas y confrontativas.
A partir del descubrimiento de Plutón, aumentó el poder de succión de la fuerza uterina, que unifica a la pluralidad del género humano por lo más bajo (esto es; la fuerza de la entropía).

Esto dio lugar al surgimiento de líderes carismáticos, a lo largo y a lo ancho de todas las latitudes del mundo.
La gestación de los líderes es un hecho natural, que responde al orden jerárquico centralizado, presente en todo el universo.
Esto recuerda a la estructura básica de la unidad: un sol central y materia cósmica gravitando a su alrededor.
Esta estructura ya se encuentra como un orden implícito, en lo profundo de todo caos. Es la promesa de ser, que va ordenando las caóticas expectativas que vibran en la antesala de cada proyecto. Es el árbol presente en el interior de la semilla.

La oposición Nodo Sur, conjunto a la Luna, en la IV casa, con el Nodo Norte, conjunto a Kiron en la X casa, nos habla de la dificultad que las individuales deben encarar para superar la fuerza absorbente del espacio uterino que las contienen.
Además el Nodo Sur y la Luna conforman el ápex de un YOD tetrádico, conformado con el sextil que Júpiter/Géminis/XI casa hace con Urano/Aries/IX casa.
… y también, la oposición nodal conforma una T cuadrada con el descendente, donde vibran Lilith, Mercurio y Marte en Acuario.
Esta última configuración coloca toda la tensión del propio desafío karmico en el área de las relaciones personales. De los vínculos en general, donde el clima compartido se encara con una postura de mucha inseguridad.
El yod nos plantea el hecho de que es impostergable la necesidad de transformar las bases sobre las que se ha edificado cada historia individual en particular.
A partir del descubrimiento de Plutón, se plateó el desafío impostergable de transformar las bases dialécticas sobre las que cada individuo debería crecer.
La base sólida o “tierra filosofal” que debe nutrir y al mismo tiempo sustentar la germinación de toda semilla responde hoy, sin dudas, a la dinámica de una dialéctica esencialmente egoica y, como ya dijimos en algún momento, esta forma de interacción permite el acúmulo de objetos cuya posesión es siempre provisional, toda vez que carece de raíces que le den sustentabilidad en el tiempo.

Las configuraciones presentes en la carta natal del descubrimiento de Plutón plantean el desafío impostergable de rever el escenario histórico en el que el hombre buscó desarrollar su propio destino.
A partir de los años 30 se empezaron a dar las condiciones para que cada uno de nosotros comience a tomar conciencia del nivel de condicionamiento en que nos encontramos, limitados por el eco de nuestra propia historia. O sea, de nuestra propia construcción.
A lo largo de los siglos hemos creado un orden establecido (con sus leyes y sus códigos) que nos ha condenado a mantener una lucha permanente, en defensa de lo que fuimos acumulando por vías de la conquista… y en esa lucha se estancó nuestra existencia, desvinculándonos de nuestro propio impulso germinal.
El yod tetrádico, presente en esta carta, nos indica que es posible la trascendencia de esos vínculos dialecticos condicionantes, abriendo los ojos para una nueva filosofía (una nueva revelación) que nos permita ver el verdadero sentido del crecimiento, dentro del círculo social que nos contiene.
Lo cierto es que, a partir del descubrimiento de Plutón, se inició un intenso dialogo interno hacia el interior del hombre. Como lo expresa el gran triangulo NEPTUNO/VIRGO/II trígono NODO NORTE-KIRON/TAURO/X trígono SATURNO/CAPRICORNIO/VI. Un dialogo en busca de una comprensión más profunda sobre nuestras propias raíces y sobre la naturaleza uterina de nuestra propia existencia.
La T cuadrada hace referencia a la inseguridad que como individuos debemos enfrentar, para llevar adelante el desafío de poder desarrollarnos en obediencia a nuestra verdadera promesa de ser. Esto es; a partir de nuestro propio impulso germinal.

 

ROLANDO GRIGLIO
Astrólogo Kármico

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