LAS FUNCIONES PLANETÁRIAS

Como punto de partida para comprender esta visión alquímica de la astrología, dejemos en claro que los Planetas que conforman una carta natal son las funciones a través de las cuales se debe procesar la germinación de cada individualidad.
En primer lugar tenemos al SOL y la LUNA:

  • Por la puerta del SOL penetran al interior de la Unidad del sistema las directríces que vienen bajando por la cadena solar del cosmos.
  • El espacio cercado por la órbita de la LUNA conforma el útero que contiene a la Tierra. Este espacio es como una caja de resonancia, en la que se retienen las informaciones que llegan al plano terreno.

Las directríces solares son indiferenciadas. Marcan apenas la meta hacia donde se debe dirigir el crecimiento.
Cuando estas directríces pasan por la órbita de Mercurio reciben su primera adaptación al universo tridimensional y, aquello que era andrógino indiferenciado, se bipolariza. En este primer paso quedan establecidas las bases del orden sobre el que se debe procesar la acción dialéctica del pensamiento.

Estas directríces, ya bipolarizadas, pasan por la órbita de Venus y allí reciben una segunda transformación, asociandosele sentimientos a la acción del pensamiento.

SOL, MERCURIO y VENUS son las tres funciones inseparables que conforman el mundo interior del ser humano. A saber: objetivos de crecimiento, pensamientos y sentimientos.
Esta trilogía de funciones conforman la Unidad directríz que penetra el espacio lunar el cual contiene a nuestro planeta y todas la unidades biológicas que en el habitan.

La Luna, reina y señora de las aguas terrenas, no solo representa la función de la memoria, sino que también es responsable por la sustentación del proceso de sístole y diástole, sobre el que se desarrolla la propia germinación de todo lo que aqui vive.
Es muy importante comprender la influencia de la LUNA sobre la biosfera. La altas y bajas mareas me eximen de cualquier explicación, habida cuenta de que este es un fenómeno más que conocido.
Pero invito a quien esté leyendo estas líneas a hacer una esperiencia muy simple, pero extremamente esclarecedora.

  • Durante la LUNA NUEVA observe la raíz de una planta y podrá comprobar que esta está sumamente húmeda, mientras la hojas se encuentran secas.
  • Durante la LUNA LLENA haga la misma experiencia y podrá comprobar que que se ha invertido la situación. En este período, las hohas están sumamente humedas mientras la raíz esta seca.

A medida que se van sucediendo los ciclos lunares se va procesando una interacción dialéctica ininterrumpida entre las individualidades y el espacio uteríno que las contiene, con un movimiento excéntrico en el que la energía penetra las profundidades de la tierra... y una retracción que desplaza la energía para adentro y para arriba.
Sobre esta sístole y diástole se desarrolla el proceso germival de la vida en el planeta.
Durante el período de retracción de la energía se produce una fuerza de succión que absorve los nutrientes de la tierra hacia la individualidad en ella contenida, para que esta procese la debida digestión (desechando lo que debe ser desechado y fijando lo que es necesario).
A medida que nos vamos aproximando de la LUNA LLENA esta fuerza de succión se hace más intensa y llega a superar la fuerza de la propia gravedad.
Pasada la Luna llena, la energia comienza a invertir su polaridad aumentando gradualmente la succión de la tierra y el flujo energético vuelve nuevamente a penetrar sus entrañas.


En terminos de la física clásica, la Tierra es como si fuese un satelite del Sol. Su movimiento de traslación, siguiendo una órbita elíptica, es posible por el justo equilibrio entre las fuerzas centrípeta y centrífuga.
Se da la misma relación entre la Tierra y la Luna. Siendo que la Luna es satélite de la Tierra.
La Tierra se encuentra, por lo tanto, tensionada entre la fuerza de fijación del Sol y la fuerza succionante de la Luna.
Esta equilibrada tensión sustenta la bipolaridad del proceso germinal que se desenvuelve en toda la biosfera terrestre.
Vemos en el ejemplo del árbol y la tierra la metáfora perfecta de la dinámica interna de la Unidad.
Así funciona la dialéctica sustentadora de la vida... los opuestos complementarios se unen por su mutua necesidad.
La necesidad profunda de toda individualidad es VOLVER A SER.


La Mútua Necesidad

Ya hemos dejado sentada la idea de que la Vida es crecimiento y que ese crecimiento se desarrolla a través de permanentes transformaciones dialécticas. Pero, para que eso sea posible es necesario un combustible... y, ese combustible está dado por los nutrientes que las partes deben absorver.
Los seres humanos, como el resto de las especies, somos unidades de carbono. El carbono es el fundamento de la química orgánica.
Durante los nueve meses de gestación asimilamos el carbono proveniente de las entrañas de nuestra madre y a expensas de él se fue desarrollando nuestro propio cuerpo físico.
Por lo tanto, podemos considerar que a ese elemento lo tomamos "prestado" de la Madre Naturaleza... algo que después del parto debemor ir devolviendoselo gradualmente.

A partir del primer aliento comienza a operar en el palco de la nueva existencia el principio de la mútua necesidad, sobre el que se sustenta la dialéctica de la vida.
Nos vinculamos al reino vegetal por este principio a través de una "sociedad" indisoluble, porque los árboles precisan retomar el carbono que nos fue confiado temporariamente.
Ese es su nutriente básico, mientras que nosotros precisamos absorver oxígeno para procesar nuestros propios procesos metabólicos.
Esa mútua necesidad es la causa profunda, sobre la que se asienta el mecanismo de nuestra respiración.
Exalamos monóxido de carbono, que es absorvido ávidamente por el árbol. Este procesa internamente su propia "digestión" reteniendo el carbono y liberando el oxígeno, que nosotros absorvemos ávidamente.
En nuestro metabolismo interno, el oxígeno se vincula al carbono corporal para conformar moléculas que son exaladas, con lo que se cierra el circuito que preserva la vida de dos reinos.
A medida que vamos completando el ciclo de una existencia, nuestro cuerpo se va degradando justamente por la gradual pérdida del carbono.

La dialéctica vincula el mundo interno de cada individualidad con el universo profundo del útero que la contiene.
Todo vínculo tiene una raíz profunda, cuyo origen se pierde en el pasado más remoto.
Por aquellos tiempos (tiempos del Paraíso) los misterios del amor brillaban absolutos en el seno de toda unión y la interacción entre opuestos complementarios era un verdadero proceso digestivo, respecto de lo que cada parte aportaba.
Desestimado lo que no aportaba a la complementariedad, se mostraba en clara luz una pequeña estructura de Unidad.
Lo que estaba oculto, como una promesa de Ser, se consolidaba como una realidad visible... y así, a través de los sucesivos intercambios, la vida iba procesando su propio proceso germinal.
Eran tiempos de profunda evolución sobre la Tierra.

Con el surgimiento del Ego y su interpretación egocéntrica de la Unidad, la mente humana se fue transformando en una "trinchera" desde donde se pasó a defender la pretendida unidad del individuo.

Este nuevo modelo de mente trinchera elaboró, a través de los siglos, una nueva forma de sustentar la necesaria interacción dialéctica para existir.
Para negar la mutua necesidad, el Ego se aferro a un nuevo principio, fruto de su propia creación; la acción competitiva.
Desde esta nueva realidad, transformó en enemigos inseparables a los opuestos complementarios.
Claro está que esta nueva dialéctica vinculante erradicó del espacio psicológico compartido cualquier posibilidad de trascendencia y, los residuos resultante de una suerte de indigestión se fueron acumulando en el espacio lunar de la memoria sensorial.
Estos residuos acululados conforman la más pura esencia de los preconceptos que le dan cuerpo a la sabiduría del Ego. Ellos actuan como respuestas condicionadas a los estimulos externos. Es la tan valorada voz de la experiencia.

La meta de toda vida humana es volver a reencontrarse con las raíces de su propio SER INTERIOR, cuya realidad se encuentra enterrada en lo más profundo de la memoria.
Esa realidad es el Oro Alquímico.

Lo expuesto hasta el momento nos va introduciendo en un proceso de comprensión fuera de ese circulo cerrado de las respuestas condicionadas a partir de los preconceptos.
Ya tenemos elementos nuevos como para comprender el desafío del crecimiento desde una nueva realidad.
Podemos afirmar que:

CRECIMIENTO = TRANSFORMACIÓN

La transformación debe desarrollarse a través de las funciones sobre las que opera nuestra propia mente sensorial.
Hasta ahora hemos considerado en este artículo las funciones del Sol, la Luna, Mercurio y Venus. Hasta ahí llegan los límites de nuestro mundo interior. De lo que está de la epidermis para adentro.
Pero aquí debemos considerar que la función de la Luna tiene, además de lo que ya hemos considerado, la tarea de vincular lo interno con lo externo. Lo que está dentro de nuestra persona de carne y hueso con el espacio uteríno que nos contiene.

La fase lunar en cada existencia comienza con la última lunación del período prenatal, dentro del vientre materno y se extiende después del parto hasta completar los primeros 7 años de la viva.
Ese es el período en que la persona debe establecer los vínculos con sus complementos karmicos para restaurar el ECO de su propia historia.
Ese eco es la naturaleza esencial de nuestro mundo particular, aquel que creamos desde remotas existencias a partir de nuestra propia acción.
Durante ese período lunar se recrea el palco de la nueva vida. El escenario psicológico en el que debemos trabajar nuestro propio karma.
Los complementos a los que nos vinculamos en acada existencia son algo así como la punta de un iceberg que esconde en lo profundo recordaciones que vienen desde vidas pasadas.
Sin dudas que los vínculos que recreamos tienen distintos grados de profundidad.
Las interacciones dialécticas tienen por lo tanto una expresión conciente visible y otra inconsciente invisible. Esta última sustenta la memoria de viejos recuerdos, que se remontan a antiquísimas edades, desandando un tiempo de muertes y renacimientos en los que dejamos nuestras huellas como testimonios de nuestro paso por remotos caminos.
Estamos aprisionados en el eco de nuestra propia historia. Estamos presos en nuestra propia memoria.


A partir de todo lo que hemos analizado, creo apropiado dejar en claro desde donde estamos considerando lo que consideramos, porque parecería que estamos fluctuando sobre una nuve, expresandonos desde una beatitud extraterrena.
Nada más distante de nuestra intensión que tamaña imagen de pureza.
Todos tenemos una de cal y una de arena. Todos tenemos virtudes y defectos y ellos definen el nivel de ser de cada uno.
Tampoco pretendemos con este trabajo inducir para que se asuman posturas fanáticas o radicales frente a la naturaleza del mundo que nos toca vivir a todos.
Nuestra intención apunta apenas a poner cada cosa en su debido lugar, para no perder los parámetros con los que evaluamos en la vida cotidiana nuestros conceptos del bien y el mal.
Como humanos que somos estamos todos llenos de defectos y es dentro de ese contexto que tenemos personas miserables en cuerpo y alma y otros que, a pesar de lo imperfecto de su condición humana, son personas virtuosas que se conducen en la vida con dignidad.
Pero es necesario saber diferenciar lo que es de Dios y lo que es del Cesar. Principalmente para que aquellos que sinceramente esten buscando una luz no se desvien por el resplandor de falsas luminiscencias.
Estos conocimientos pueden llevarnos, por ejemplo, a bajar un poco el nivel de competitividad conque nos vinculamos a nuestros semejantes o trascender, aunque sea minimamente, los radicalismos conque eternizamos nuestros conflictos con las personas y el mundo en general.
Nuestra postura apunta a mantener la innegociable afirmación de que, a pesar de los pesares, siempre se puede ser un poco mejor.

Lo expuesto anteriormente es una especie de introducción a los fundamentos de la Alquímia.
Debemos comenzar por comprender que significa transformar el PLOMO en ORO.
Haciendo una super síntesis, diremos que el Plomo es la propia memoria sensorial que nos tiene aprisionados. Es la sumatoria de los preconceptos que actuan como respuestas condicionadas a los estímulos externos. Básicamente es el registro literal de nuestra propia historia personal, desde los origenes del tiempo.
Nuestra memoria sensorial guarda ese registro, pero apenas como una serie de recordaciones en las que no se trasciende la ley de causa y efecto. Se recuerdan los hechos y sus consecuencias... y esto conformando aquello que entendemos como experiencia.
Sabemos que el fuego quema, porque ya nos quemamos o vimos a alguien que se quemó... y desde allí respondemos ante una circunstancia externa en la que ese elemento esta presente.
Podemos decir que estamos presos dentro de esa ley de causa y efecto. Lo que nos obliga a permanecer dentro de ese circulo que va de lo conocido a lo conocido.

 

ROLANDO GRIGLIO
Astrólogo Kármico

 

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